domingo, 4 de octubre de 2015

46. Buscando un símbolo de paz.

Estás buscando un viejo camisón, estás buscando alguna religión, estás buscando un símbolo de paz. 
Estás buscando un incienso ya, estás buscando un sueño en el placard. 
Estás buscando un símbolo de paz. 
Y damos vueltas a la heladera y solo queda un limón sin exprimir. Nos divertimos en primavera y en invierno nos queremos morir. 
Estás buscando un porro de papá, estás buscando un saco de mamá porque si nada queda nada da. 
Estás buscando un incienso ya, estás buscando un sueño en el placard, estás buscando un símbolo de paz. 
Y damos vuelta a la discoteca, y ya no quedan ganas de sonreír. Nos divertimos en primavera y en invierno nos queremos morir. 
Será porque nos queremos sentir bien que ahora estamos bailando entre la gente.
Será porque nos queremos sentir bien que ahora todo suena diferente."

Siempre buscamos ese algo que nos dé paz, eso que nos alivie un poco el dolor o simplemente los detalles tediosos que tenemos que soportar todos los días.

Todos tenemos nuestro símbolo de paz, ese lugar al que acudimos con el propósito de respirar más tranquilos.



Delfi se había dormido hacia un rato y yo estaba terminando de ducharme, lo único que quería era meterme en la cama y dormir porque no podía más.

Me estaba quedando dormida cuando Delfi vino a mi cuarto.

- ¿Qué pasa hija?
- ¿Puedo dormir con vos? –Preguntó llorando.-
- Veni hermosa. –Abrí la cama y ella se sentó a mi lado.- ¿Qué pasa?
- No sé.

Escondió su cara en mi pecho y lloraba cada vez más.

- ¿Te duele algo? –Pregunté.-
- Acá mami. –Y tocó su pecho, separándose un poco de mí.-
- ¿Qué es lo que sentís?
- Que me duele.
- ¿Pero cómo? ¿Te arde? ¿Sentís presión? ¿No podes respirar? 
- Todo eso.
- ¿Todo?
- Sí. –Y volvió a acurrucarse entre mí.-
- Tranquila mi amor. –La di vuelta, haciendo que quedé sobre mi cuerpo pero mirando hacia arriba y posé una de mis manos en el pecho.- Intenta respirar conmigo. ¿Sí?

Delfi asintió con su cabeza, pero cada vez se ponía más nerviosa y la realidad era que no sabía qué hacer. Intentaba no perder la calma para no transmitirle nervios a ella, pero ya no podía.

- Quiero que venga papá.
- Es tarde Delfi, quedate conmigo.
- ¡Quiero que venga papá! ¡No seas mala!
-Suspiré.- No es que soy mala, es que son las tres de la mañana hija.
- ¡Si yo lo llamo seguro viene!
- Delfi, por favor… Tranquilizate, porque te va a hacer peor.
- Si lo llamas.
- Bueno, yo lo llamo. Vos acostate.

Hice que se acostara a mí lado y ella no podía dejar de llorar. Tenía una crisis de llanto que no sabía cómo controlar y en cierto punto, llamar a Pedro me daba un poco de calma.

“Pepe, perdón la hora.”

“Pau. ¿Qué pasó?”

“Delfi, no deja de llorar hace una hora y me pide que vengas.”

“¿Pasó algo?”

“No, no sé. No me dice nada y está agitada.”

“Decile que me cambio y voy para allá.”

“Usa las llaves si queres.”

“Dale.”

- En un ratito viene.
- ¿Viste?
- No te enojes conmigo Del…
- Es que quiero que venga papá.
- Está viniendo.
- Bueno.
- ¿Queres que yo me vaya?
- ¡No! –Y me abrazó.-
- ¿Me contas qué pasa? 
- No.
- ¿Pero pasó algo?
- Sí.
- ¿Cuándo venga papá nos contas?
- No sé.
- Te va a hacer bien Delfi.

Y no respondió más, yo la tapé y la abracé por la espalda.

- Tranquila. ¿Sí? –Besé su mejilla y me quedé con ella hasta que llegó Pedro.-
- ¡Papá! –Dijo y se fue corriendo a buscarlo.-


- ¡Papi! –Corrió a mí y yo la alcé.-
- Hija. ¿Qué pasa? –Delfi me abrazó por el cuello y yo también la abracé.- ¿Qué pasa hermosa? –Ella negó con su cabeza y yo fui con ella a upa hasta la habitación de Paula.- Hola Pau.
- Hola. –Respondió y suspiró.- No entiendo qué le pasa. –Me dijo modulando los labios.-
- Tranquila. –Respondí del mismo modo.-

Me senté en la cama de Paula, con Delfina sobre mí y corrí el pelo de su cara.

- ¿Nos contas qué pasa mi amor?
- No.
- Dale princesa, te va a hacer bien. –Ella volvió a negar.-
- Hija… -Dijo Paula.- Dale, somos papá y mamá. Podes confiar en nosotros.
- Soñé algo feo.
- ¿Qué cosa? –Preguntó Pau.-
- Soñé que papá se iba y que no volvía nunca más. –Y se colgó de mi cuello, abrazándome.- 
- Eso no va a pasar jamás hija. –Dije con lágrimas en los ojos.-
- No quiero que pase.
- Nunca va a pasar, nunca, nunca. –La abracé con fuerza.- Nunca podría estar lejos tuyo mi amor.
- ¿De verdad?
- De verdad hija. 
-Pau secó sus lágrimas.- Que papá y yo no estemos juntos no quiere decir que eso te separe a vos de alguno de nosotros, nunca va a ser así. Nunca vamos a dejar que sea así, porque vos no tenes la culpa de lo que pasó entre nosotros… Vos sos lo más lindo que nos pasó en la vida hija.
- Nunca podríamos alejarnos de vos, ninguno de los dos. –Agregué.-
- Pero era feo. –Repitió Delfi.-
- Pero fue un sueño hija. –Dijo Pau.-
- Nunca va a pasar eso Delfi. –Dije y hacía fuerza para no llorar.-
- ¿Te podes quedar conmigo hoy papi?
- Obvio que sí hermosa, obvio.
- ¿Queres ir a lavarte la cara mi amor? –Preguntó Pau.-
- Sí, pero me esperan acá eh. 
- Anda tranquila.

Delfi se fue y yo estallé en llanto. Paula, sin decir nada me abrazó y acarició mi espalda.

- Me hace mierda que sienta eso. –Dije.-
- Fue un sueño Pepe.
- Pero, en algún lado de su inconsciente está la posibilidad.
-Se separó un poco de mí.- Vos y yo sabemos que eso nunca va a pasar.
- Tenemos que hacer algo por ella.
- ¿Qué?
- Tratar de tener momentos los tres, darle una familia.
-Suspiró.- Yo no tengo problema en estar con vos y lo sabes, la paso bien cuando estamos juntos los tres.
- ¿Y conmigo?

Y en ese momento, volvió Delfi. Sequé mis lágrimas rápidamente.

- ¿Vamos a mi cama pa?
- ¿La vamos a dejar sola a mamá?
- Vayan, no hay problema.
-Delfi se acercó a darle un beso.- Gracias por llamar a papá.
- De nada hija. –Y la abrazó.- Y no pienses en cosas feas. –Delfi negó con su cabeza.- Que descanses.
- Hasta mañana Pau. –Dije.-
- Hasta mañana.

Delfi se subió en mi espalda y reímos, así fuimos hasta su cuarto y ella se metió en su cama. Yo me acosté a su lado.

- ¿Me abrazas pa?
- Siempre princesa.

La abracé contra mi pecho y besé su cabeza.

- Descansa mi amor.

Volví al cuarto de Pau, una vez que estuvo dormida y me quedé en la puerta.

- Tenemos que hacer algo.
- No uses esto como excusa. –Dijo Paula.-
- ¿Por qué sos tan dura?
- Anda con Delfi.
- Delfi ya duerme.
- No vas a dormir acá eh.
- Te encantaría.
-Suspiró.- Pedro, basta. –Dijo acercándose a mí.- Deja de embarrar todo.
- Ya está embarrado.
- Andate de mi cuarto.
- ¿No vamos a hablar?
- No.
-Suspiré.- Está bien. –Besé su mejilla.- Hasta mañana.
- ¡Andate!

Me fui antes de que me revoleara algo y volví al cuarto de Delfi. Me acomodé en su cama y me quedé dormida junto a ella.



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Yo estoy subiendo capítulos a lo loco, asique ustedes tienen que comentar a lo loco también! jajaja (posta)

Les estoy cortando muuuuchos días de Paula terca, ajajajaja!


Y si hablamos de temones -----> https://www.youtube.com/watch?v=OgO4v6W72YY (Buscando un símbolo de paz - Charly García)

45. Dibujos.

Ser chiquito y hacer un dibujo de regalo es lo más cotidiano del mundo. Hacer un dibujo es inmortalizar un pequeño momento, un sentimiento o una emoción. Un dibujo puede encerrar muchas cosas, pero por sobre todo, un momento que un pequeño nos regala. Un momento de su vida que regalaron en hacer eso y una sonrisa que el vamos a devolver cada vez que lo veamos.




Pedro vino a buscar a Delfi y ella lo hizo entrar hasta sentarse en el sillón.

- ¿Qué pasa hija? –Preguntó.-
- Tengo que darles algo. Voy a buscar a mamá.

Y vino corriendo hacia mí.

- Anda y sentate al lado de papá.
- ¿Pasa algo?
- ¡Les tengo que dar una cosa!
- Bueno, está bien.

Hice lo que me pidió y me senté al lado de Pedro, ella se fue a su habitación.

No quise ni mirarlo, pero sentí su mano acariciar mi espalda.

- Pepe…
- Solo fue una caricia.
-Suspiré.- Por favor.
- Está bien. Perdón.
-Lo miré, sin decir nada por algunos segundos.- Ubicate.
- Está bien, perdón te dije.

Suspiré y quité mi mirada de sus ojos.

Delfi volvió con dos dibujos en sus manos.

- Teníamos que hacer un dibujo para nuestros papás, para que pongan en la heladera… Le pregunté a la seño si podía hacer uno para cada uno y me dijo que sí. Este es tuyo ma. –Y me dio uno de los dibujos.- Y este tuyo pa. –Y se lo dio.-

La realidad era que sus dibujos eran increíbles para tener solo 8 años, eso claramente lo había heredado de su padre.

- Gracias… -Dije.- Es muy lindo. –Besé su mejilla.- Dibujas tan lindo como papá. –Ella sonrió.-
- ¿A vos te gusta papi?
- Me encanta, ahora cuando llegamos lo ponemos en la heladera. ¿Queres?
- ¡Sí!
- No quiero cortar el momento, pero la abuela nos espera a cenar y primero tenemos que ir a casa a bañarte y sacarte el uniforme de la escuela.
- ¿Vamos a lo de la abuela?
- Sí.
- ¡Iuju! –Festejó y nosotros reímos.- Chau mami. –Se acercó a darme un beso.- ¡Vos también ponelo en la heladera eh!
- Obvio que sí mi amor. –Besé su mejilla.- Hasta mañana.
- Hasta mañana. –Y corrió a ponerse su campera, agarró su mochila y se quedó al lado de la puerta.-
- Chau. –Le dije a Pedro y me levanté, no soportaba ni siquiera su mirada.-

Esperé a que se fueran en el baño y luego salí. Suspiré y fui a poner el dibujo de Delfi en la heladera, ordené un poco su cuarto y la llamé a mi hermana. ¡Necesitaba una charla con ella urgente!

Cuando llegó, corrí a abrirle.

- Gracias por venir siempre que te necesito. –Dije riendo.-
- ¡Sos tremenda eh! –Me saludó y entró.- Le dije a Joaco que volvía a cenar igual.
- Está bien, con tenerte un rato me alcanza.
- ¿Qué pasó ahora?
- Adivina…
- ¿Pedro?

Suspiré y me dejé caer en el sillón.

- ¿Otra vez nena? –Se sentó a mi lado.-
- ¿Qué queres que haga si me busca todo el tiempo?
- ¿Qué pasó…?
- Delfi nos hizo pasar un día juntos, viste que a veces le pega que no estemos juntos.
- Sí…
- Bueno, pasó algo en la escuela que la sensibilizó y después de esa vez, Pedro me tiró onda otra vez.
- ¿Y qué más?
-Reí, me conocía tanto.- ¿Viste que con él intentamos no…?
- Tocarse, sí. Me parece una boludes.

- Bueno, es como nos sale.
- ¿Y qué pasó?
- Hace un rato, Delfi nos hizo sentarnos a los dos acá y me pasó la mano por la espalda. Nunca creí que una simple caricia podía darme vuelta el mundo así.
- No es una simple caricia, es una caricia de Pedro.
- Me quiero morir boluda.
- Mira Chu, te voy a decir lo mismo de siempre.
- ¿Qué?
- Que tenes que tener en claro lo que queres… Si lo queres a él, jugatela y sino, salí y busca otra cosa.
- Ya lo intenté.
- Y no funcionó.
- Lo amo a él.
- ¿Y qué es lo que te frena? No me digas que el beso con la minita porque no te creo.
-Reí.- No, eso pasó hace mil y fue una pendejada.
- ¿Y entonces?
- Me da miedo.
- ¿Qué te da miedo?
- Ilusionarme y sobre todo, ilusionar a Delfi y que no funcione. Porque lo que tuvimos fue fuerte, fue hermoso, pero fue hace mucho tiempo y fue algo demasiado fogoso… Yo no sé si estamos preparados para vivir como familia, tengo miedo.
- Si no te la jugas, nunca lo vas a saber.
- No quiero seguir lastimando a Delfi.
- Ella no tiene por qué enterarse.
- No es boluda Vir.
- Pero es una nena, hay cosas que puede no saber.
- No, no sé.
- Yo te doy mi opinión…
- Sí, ya sé.
- Yo te puedo hacer de niñera cuando necesites.
-Reí.- Para un poco la moto.
- Yo paro todo lo que quieras, el que no para es este. –Y señaló mi corazón.-
- Me vuelve loca.
- ¡Entonces intentenlo!
- ¡Me da miedo!
- Con el miedo no se llega a ningún lado.
- No quiero que tomes a mal lo que te voy a decir, pero quizás no lo entendes porque todavía no tenes hijos, pero vas a ver que el día que los tengas, no te va a importar sufrir con tal de verlos a ellos bien.
- ¿Pero vos no crees que Delfi estaría más feliz con ustedes juntos?
- Sí, pero si la ilusionamos y no funciona va a sufrir muchísimo.
- Por eso te digo que pueden intentar en secreto.
- No sé si estoy preparada.
- Entonces no pongas todas las culpas en tu hija.
-Suspiré.- Hago lo que puedo.
- Lo que vos haces es amarlo en secreto hace casi nueve años Paula.
- ¿Está mal?
- No, no sé si está mal. Pero un día vas a terminar explotando.
- Es lo que no quiero.
- Entonces tener que terminar con esto, o volves con él o empezas una historia nueva.
- Lo decís como si fuese fácil.
- Fácil no es, pero tampoco es llegar a la luna.
- Tampoco para que me tires tanta tierra.
- ¡Estoy tratando de que abras los ojos Chunita!
- Hago lo que puedo.
- Te lo digo porque te quiero y porque quiero verte bien, te mereces ser feliz más allá de tu hija, que entiendo que sea lo más importante para vos. ¡Pero no tenes que olvidarte que sos mujer también!
-Suspiré.- Me cuesta gorda.
- Si vos me pedís ayuda, la vas a tener… Pero cuando decidas algo, porque la decisión es tuya y yo acá no puedo hacer más.
- Gracias. –La abracé.-
- Pasan los años y te tengo que seguir diciendo que no agradezcas. –Reímos.-
- Es que no sé qué haría sin vos.
- Lo mismo que yo sin vos… ¡Nada! –Reímos y nos separamos.-
Su celular sonó y era Joaquín.

- Anda gorda, de verdad.
- ¿Segura?
- Sí… 
- Bueno, trata de que la próxima vez que me invites esté mi sobri.
-Reí.- ¡Interesada!

La despedí a mi hermana y fui hasta mi cama, en dónde me dejé caer.

“Pedro, te pido por favor que dejes de buscarme. Me haces mal.”

“Está bien, perdón. No era mi intención.”

“Ya está, dejalo ahí.”

“Si te hace mal es porque algo sigue pasando.”

“En serio te lo estoy pidiendo.”

“Yo también… ¿No podemos hablar al menos?”

“No Pedro, nuestra historia tuvo un punto final hace rato.”

“Para mí fue un punto seguido.”

“No voy a hablar más.”

Tiré el celular a la mierda y escondí mi cara en la almohada, estaba llorando otra vez.

-

- Papi. ¿Qué pasa?
-Suspiré.- Nada mi amor. ¿Ya estás lista?
- ¡Tenes la cara triste!
- No pasa nada Delfi.
-Se cruzó de brazos.- Soy chiquita, pero no tonta.
- ¿Me das un abrazo?
- Obvio papá. –Dijo riendo y me abrazó.-
- Gracias mi amor.
-Besó mi mejilla.- No estés triste.
- No Delfi. –La abracé con fuerza.-


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Sí, Paula es terca.

Sí, en algún momento va a reaccionar.

(Tenganle un poco de paciencia).

Sigan comentando.☺

sábado, 3 de octubre de 2015

44. Nacimiento.

Creo estar segura de que no hay momento más emocionante en la vida de una mujer que traer un hijo al mundo… Es mágico ese momento en donde todo el dolor desaparece y lo único que existe es el llanto de tu bebé, es ese momento en el que te das cuenta que nunca más vas a estar sola y que siempre vas a tener a alguien a quien cuidar.

Es raro, es una mezcla de sentimientos que no se pueden poner en palabras porque, realmente dudo que esas palabras existan.

Sentir nacer a un hijo es lo más grandioso que puede sentir una mujer.


“Antes de conocerte, ya te amaba. Mamá.” 



No sabíamos muy bien cómo había pasado el tiempo, ni por qué había sido tan rápido. ¡Pero estábamos en la sala de parto y era todo una locura!

Sinceramente, me estaba muriendo del dolor. Las contracciones eran insoportables y los médicos me decían que faltaba dilatación para que pudiera nacer. Ya no sabía en qué posición ponerme y necesitaba que nazca.

- Decime que puedo hacer por vos. –Dijo Pedro.-
- Quedarte acá, por favor. –Presioné su mano.-
-Besó mi frente.- Voy a estar acá, no te preocupes por eso. –Sonreí y vino otra contracción.- Tranquila. –Dijo y acarició mi mejilla.-
-Suspiré, intentando relajarme.- Hago lo que puedo. –Reí.-
- ¿Cómo te sentís? Además de mal.
- Me muero de miedo Pepe.
- No… -Besó mi mano.- Tranquila, yo sé que vas a poder.
- Quedate acá, con nosotras.
- No me pienso ir a ningún lado. –Le sonreí.-
- Gracias.
- ¿Por qué?
- Porque no elegimos esto y te la bancaste como un rey.
- Vos sos la reina acá. –Sonreímos.- No pienses más en eso, no lo elegimos pero hoy es y estamos felices. ¿O no?
-Suspiré.- Sí, muy. –Sonreímos y besó mi frente.-
- Tranquila.

De repente comenzó a llenarse de médicos.

- ¿Va a nacer? –Preguntó Pedro.-
- Sí, en un ratito ya podemos empezar.
- ¿Cuánto es un ratito? –Pregunté desesperada.-
- Tranquila, ahora le vamos a dar la anestesia así no se siente tan mal.

Agradecí que me dieran la anestesia, aunque aún así el dolor seguía siendo insoportable.

Tenía una sensación tan extraña en mi cuerpo que no sabía cómo explicarla. Estaba por nacer mi hija, quién se había gestado durante nueve meses en mi vientre. 

No veía la hora de tenerla en mis brazos, de sentirla sobre mi pecho… De abrazarla y llenarla de besos.

- Bueno mami, ya está por nacer.
-Suspiré.- Me están diciendo eso hace media hora.
-El médico rio.- Ahora es de verdad. ¿El papá se queda?
- Sí, por supuesto. –Dijo Pedro y yo sonreí.-

Y no sé muy bien cómo, porque de la emoción no lo recuerdo, Delfi ya había nacido.

-

A Paula se la habían llevado sola porque había tenido una leve descompensación, asique yo me fui con los médicos y Delfi.

Miré a través de un vidrio como la limpiaban y revisaban. Yo no podía dejar de llorar, no podía creer que era mi hija. Me dejaron pasar y sonreí.

- ¿Quiere tenerla?
- Por favor. –Respondí.-

La enfermera la apoyó en mis brazos y la emoción más enorme me invadió el cuerpo.

- Hola Delfi. –Susurré.- Yo soy papá. –Besé su cabecita y acomodé su mantita.-
- La mamá ya está bien. ¿Quiere llevarla a la habitación?
- ¿Puedo?
- Por supuesto, es su papá.
-Reí en medio de lágrimas.- ¿Me acompaña?
- Claro que sí.

Fuimos con la enferma hasta la habitación en donde estaba Paula, la enfermera me abrió la puerta y yo entré.

- Hola mami. –Dije entrando a la habitación. Paula sonrió con lágrimas y me acerqué a ella. La apoyé sobre su pecho.-

-

- Hola Delfi, hola. –Besé su mejilla.- Yo fui tu casita durante todo este tiempo. –Con Pepe reímos.- Soy tu mamá.

Delfi se acomodó sobre mi pecho y no me entraba más felicidad en el cuerpo. Nos quedamos así, un largo rato en silencio tan solo mirándola con lágrimas en los ojos.

- ¿Necesitas algo? –Preguntó Pepe.-
- No, solo que te quedes con nosotras.

Nos sonreímos y él besó mi frente.

Al rato, Delfi comenzó a llorar y llamamos a la enfermera ya que nos había dicho que cuando ella se despertará, la llamemos para que me ayude a amamantarla por primera vez.

Pedro la sostuvo mientras yo me acomodaba y por suerte, se prendió rápidamente a mi pecho. ¿Yo? No podía dejar de mirarla. ¡Era tan hermosa!

Cuando no quiso más, acomodé mi ropa y Pedro le hizo provechito, ambos reímos al escucharla.

- Tenela un rato si queres… -Dije.-
- ¿Segura?
- Sí Pepe, sos su papá también.
-Sonrió.- Gracias. –Sonreí y él fue hasta el sillón con Delfi en brazos, se sentó y la acomodó sobre su pecho. Yo busqué mi celular y les saqué una foto.- Me parece que se va a quedar dormida otra vez.
-Reí.- Eso hacen los bebés recién nacidos. –Reímos.-
- ¿Qué te dijeron a vos?
- Que me bajo la presión, fue solo eso.
- Ah, menos mal.
- Por suerte sí.

Y ahora tenía 8 años. Es terrible como pasaba el tiempo, como se hace arena entre las manos. Suspiré y la tapé, dejé un beso en su frente y cuando me quise ir, me tomó de la mano.

- No te vayas mami, dijiste que íbamos a dormir juntas.
- Pensé que ya dormías.
- Juntas. –Repitió.-
- ¿Y por qué vinimos a tu cama?
- No sé.
- ¿Queres que vayamos a la mía?
- Sí mami.
-Suspiré.- Vamos entonces, dale.

Fuimos hasta mi habitación y nos metimos en la cama. Ella se acostó, hecha un bollito, frente a mí. Yo acaricié su mejilla.

- ¿Estás bien princesa?
- Sí ma.
- ¿Segura?
-Rio.- Sí, pero prefiero que me abraces.
-Sonreí, muerte de amor.- Veni entonces.

Ella se acomodó sobre mi cuerpo y cerro sus ojitos, la tapé y quité el pelo de su cara.

- Qué descanses hija.
- Gracias ma, vos también.

La abracé con fuerza y allí me quedé con ella.

Sentirla sobre mi cuerpo y escuchar su respiración tranquilizarse hasta que se quedaba dormida seguía llenándome de paz, como el primer día.

Besé su cabeza y me quedé dormida, abrazándola.

Es pronto para comprender... que pueda mirarte y verme a la vez, que escuches hoy mi voz, que tanto te cantó los meses que tu fuiste yo. 
Es pronto para comprender... la vida es tan bella como tú la quieras ver, si lloras cantaré, si sufres te hablaré, si mueres moriré también. 
Si te cuentan que lloré... cuando te cogí en mis brazos, no me pude contener porque te quiero tanto. 
Es pronto para comprender… verás como el mundo es injusto y cruel por qué un amanecer sin nada que perder, es muy difícil de entender. 
Si te cuentan que lloré... cuando te cogí en mis brazos, no me pude contener porque te quiero tanto.
Como el mar a su verano, como el dolor a su amigo el engaño. Como el sol... cuando abrió en mi ventana, que hoy nació una flor.

-
Te amo. –Susurré en su oído y besé su frente para irme de la habitación.-

Ordené un poco la cocina, cerré la puerta, el balcón y las ventanas y me dirigí al baño para prepararme para dormir.

Me metí en la cama con cuidado de no despertar a Delfi e intenté dormir, pero era en vano.


¡No podía deja de pensar en lo que me había dicho Pedro! Mi corazón se moría por volver con él y mi mente me frenaba. Mi maldita conciencia y mi orgullo no me dejaban.

Daba todo por volver a sentir sus labios junto a los míos, porque me abrace toda la noche, por sentir su olor, por sentir como me hace el amor. ¡Daba todo porque seamos una familia como cualquier otra!

Me hacía la dura, me hacía la fuerte, pero la situación me dolía tanto como a Delfi. 

Una puede ser muy feliz, tener un hijo te completa la vida, te da una razón para levantarte a la mañana… Pero, cuando se hace de noche y no tenes a nadie para compartir un rato, para charlar de lo que pasó en el día. Cuando no hay nadie que te mime ni que te haga sentir mujer… Duele.

¿Sería verdad lo que decía Pedro? ¿Sería real que nuestra relación podía volver a nacer?


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Esta canción me recuerda a algo muy lindo que me pasó con Pau, asique creo que la puse por eso ♥ https://www.youtube.com/watch?v=F2VJvlznL4s

Comenten, por favor.☺

43. Padres separados.

Hay cosas que duelen, algunas duelen más y otras menos, pero ser chiquito y escuchar a tus padres pelear duele y de verdad.

No tenerlos todo el tiempo con vos es difícil, y más cuándo no entendes las razones. La circunstancia de no poder abrazarlos a la vez, de no comer con ellos todos los días ni de que te den el beso de las buenas noches cada noche… Duele.

Desear todas las noches que vuelvan a estar juntos se hace cotidiano.




Ya habíamos terminado de merendar y estábamos en el living, porque comenzaba a hacer un poco de frío en el balcón.

- Es hora de irnos Delfi. –Dije.-
- Un rato más ma, por favor.
- Pero mañana es lunes y tenes que ir a la escuela.
- Un ratito, por favor.
-Suspiré.- Tenemos que ir a casa, te tenes que bañar, comer…
- ¡Ufa! –Y se llenaron sus ojos de lágrimas.-
- Hey, no llores. –La abracé.-
- Me quiero quedar.
- ¿Queres que papá te lleve a la escuela mañana?
- No, quiero que me lleven los dos.
- Otro día, ahora no podemos.
- ¿Por qué mamá?
- Porque yo mañana tengo que ir a trabajar.
- ¿Y?
- No tengo ropa ni nada acá.

Pedro se acercó a nosotras. Delfi estaba parada y yo arrodillada frente a ella.

- Delfi. ¿Me escuchas? –Preguntó Pedro.-
- Sí.
- Mamá y yo te prometemos que nos vamos a organizar así podemos ir juntos un día a la escuela. ¿Queres? –Ella asintió con su cabeza.- Además, yo mañana no puedo llevarte.
- ¿Por qué?
- Porque tengo que ir más temprano al trabajo.
- Ah…
- Asique, ahora vas con mamá… ¿Te parece?
- Bueno, está bien. –Pepe secó sus lágrimas y yo tomé sus manitos.-
- No llores más. –Dije.- Por favor.

Pedro y yo la abrazamos y ella de a poquito, se calmó.

- Chau papi. –Dijo acercándose a Pepe.-
- Chau hermosa. –La alzó y la hizo dar vueltas, Delfi reía.- ¿Te gustó mi sorpresa?
- ¡Sí, me encantó!
- Me alegro entonces. –Delfi sonrió y besó la mejilla de Pepe. Pedro la saludó y la bajó.-
- ¿Vamos Delfi? –Pregunté.-
- Sí mami.
- Esperame que ahí voy.
- Bueno… -Ella se fue y yo lo miré a Pepe.-
- ¿Pasó algo? –Pregunté.-
- ¿Por?
- No, no sé… Pregunto porque está rara.
- Sí, no sé. Le agarró de repente.
- ¿Habrá pasado algo en la escuela?
- No sé….
- Mañana voy a ver si puedo hablar con la maestra.
- Dale. ¿Me avisas?
- Sí, no te preocupes.
- Gracias.
-Negué con mi cabeza.- Nos vamos.
- Chau entonces.
- Chau…

Fui hasta Delfi y le di su mano.

- Chau papi.
- Chau Delfi.

Abrí la puerta y nos fuimos.

En el auto.

- Ponete el cinturón Delfi.
- Sí mami.
- Bueno, para que no te olvides. –Reímos y arranqué.-

En casa, me pidió ayuda para bañarse.

- Pero si vos te bañas sola hija.
- Quiero estar con vos.
- ¿Si te pregunto algo me respondes con la verdad?
- Sí ma.
- ¿A vos te pasa algo?
- ¿Por qué?
- Porque estás así. –Me senté a su lado.- Estás muy sensible, no queres estar sola…
- Es que… -Y sus ojitos se llenaron de lágrimas.-
- ¿Qué mi amor? –La senté sobre mis piernas.-
- En la escuela pasó algo.
- ¿Qué Delfi? –Escondió su cara en mi pecho y quebró en llanto, yo la abracé.-
- Pasó algo feo.
- No llores hermosa.

Pasaron algunos minutos y me separé un poco de ella, sequé sus lágrimas y besé su frente.

- ¿Me queres contar?
- Que… -Y no podía hablar, yo acomodé su pelo y acaricié su mejilla.- Que me dijeron algo feo, porque estábamos hablando de la familia y… y… Me dijeron que era rara por no tener a mis papás en la misma casa. –Suspiró. No supe muy bien qué decirle y volví a abrazarla.-
- Papá y yo no estamos juntos, pero eso no cambia nada con vos Delfi. Te amamos más que a nada en el mundo y sabes que siempre vamos a estar con vos.
- Pero no puedo vivir con ustedes.

No me daba la cara para pedirle perdón, asique me quedé allí… Abrazándola y llorando en silencio.

- ¿Me acompañas a bañarme? –Preguntó.-
- Sí...

La llevé en brazos hasta el baño y la ayudé a desvestirse. Ella se metió en la bañera y se sentó allí.

- Mami.
- ¿Qué?
- ¿Yo soy rara por no tener a mis papás juntos?
- No Delfi, para nada.
- ¿No?
- No, sos una nena como cualquier otra.
- Mmm… Es verdad. –Sonrió y me contagió la sonrisa.-

Lavé su pelo y se quedó jugando un rato en el agua hasta que salió y se puso su bata, sequé su pelo y fuimos hasta su habitación. Se puso su pijama.

- ¿Queres jugar un rato mientras yo preparo la cena?
- Sí.
- ¿Comemos fideos?
- ¡Sí!
-Reí.- En un rato te llamo.
- Bueno ma.

Me fui a la cocina para preparar la comida y le pregunté a Pedro si podía llamar.

- Hola Pepe.
- Hola Pau.
- Hablé con Delfi… En la escuela le dijeron que es rara porque no estamos juntos, por eso está así. -Suspiré.-
- Pau...
- ¿Qué?
- ¿No hay vuelta atrás?
- Ya hablamos de esto Pedro.
- Lo sé, pero podríamos intentarlo.
- Nos vamos a lastimar y la vamos a lastimar a ella.
- ¿Y si sale bien?
- No va a salir bien, pasaron muchas cosas y mucho tiempo.
- Pero…
- De verdad, no sé si puedo.
- Está bien, no quiero ponerte incómoda.
- Podemos vernos los tres las veces que quieras, pero lo otro no… No puedo.
- Perdón. -Suspiré.-
- No, está bien. –Hice una pausa.- A mí también me duele la situación.
- ¿Y por qué no podes intentarlo?
- No somos los mismos.
- Con más razón.
- Pedro… En serio.
- Está bien, entendí que no tengo que insistir.
- Gracias.
- Pero sabe que yo estoy dispuesto.

Suspiré.

- ¡Mamá! ¿Falta mucho para comer?

- Vayan a comer mejor Pau.
- Nos vemos.
- Nos vemos.

Y corté. ¡Gracias Delfi por salvarme!

- Veni Delfi, vamos a comer.

Ella vino corriendo y yo reí.

- Tranquilidad che.

- ¡Es que tengo hambre mami!
-Reí.- Pone el queso en la mesa que ahí llevo los fideos.
- Bueno ma.

Mientras cenábamos…

- Delfi.
- ¿Qué mami?
- ¿Estás mejor?
- Sí. –Sonrió.- Pero quiero estar con vos igual.
-Sonreí.- ¿Qué queres hacer?
- ¿Podemos dormir juntas?
- Sí, obvio mi amor.
- Gracias ma.
- De nada. –Acaricié su nariz y ella sonrió.-


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Delfina es el mejor personaje que escribí, la van a amar mucho más.♥ ♥

Feliz sábado y COMENTEN.☺

viernes, 2 de octubre de 2015

42. Almuerzo familiar.

Para nosotros, los seres humanos, la comida nos hermana. La comida nos une… ¡Siempre nos reunimos alrededor de un plato de comida!

La comida es la excusa, la intención real es compartir un momento con el otro…

Y no, no invitamos a cualquiera para regalarle un momento de nuestra vida. Elegimos a gente especial, elegimos a aquellas personas con las que sabemos que vamos a pasarla bien…

Hacemos elecciones, todo el tiempo, y siempre sabemos a quien queremos alejar de nuestra vida y a quien queremos tener para siempre formando parte de ella.





- ¡Arriba enana! –Dije entrando al cuarto de Delfi.-
- Quiero dormir papá.
- Dale, que tengo una sorpresa para vos.
- ¿Qué cosa?
- ¡Sorpresa dije! -Rio.- Dale, que ya son las diez.
- No quiero pa.
-Me acerqué a ella y destapé su cara.- ¿Preferís dormir o la sorpresa?
- La sorpresa.
- ¿Y entonces? ¡Arriba!
- Tengo hambre.
- Mmm… -Me agaché.- Subite a cococho así vamos a buscar comida.

Ella rio y se subió a mi espalda. Corrí con ella hasta la cocina mientras reíamos, buscamos unas galletitas y le preparé una leche para que se vaya a desayunar al living mientras miraba la tele.

Yo aproveché para comenzar con el almuerzo y sellé la carne mientras cortaba la verdura.

- ¿Me decís qué es la sorpresa?
- ¡Es sorpresa!
- Pero decime papá.
-Reí.- Sos igual a mamá.
- ¿Por qué?
- Porque mamá tampoco soporta esperar.
- ¿Te gusta que me parezca a mamá? –Preguntó.-
-Sonreí.- Me encanta mi amor.

-

Toqué timbre en la casa de Pedro y él vino a abrirme.

- Hola. –Dije.-
- Hola. –Respondió y sonrió, quisimos seguir hablando pero Delfi apareció corriendo y la subí a upa.-
- Hola hermosa.
- Hola mami. –Me abrazó y yo también la abracé.- ¿Ya nos vamos? Papá me dijo que tenía una sorpresa. ¡No vale!
-Reí.- Creo que la sorpresa soy yo.
- ¿Vos?
- ¡Hey, che! ¡Qué maldad! –Y le hice cosquillas en su cuello.-
- La sorpresa es que vamos a almorzar los tres juntos. –Dijo Pedro.- ¿Queres?
- ¡Sí! –Dijo festejando y nosotros reímos.-
- ¿Vos no te ibas a ir a cambiar? –Preguntó Pedro.-
- Sí, pero vino mamá. ¿Me ayudas mami?
- ¿A cambiarte?
- Sí…
- Bueno, dale.

Le di el helado a Pedro y me fui con Delfi hasta su habitación y la ayudé a cambiarse.

- ¿Me das un abrazo? –Pregunté cuando terminé de atar sus zapatillas. Ella sonrió y me abrazó por el cuello.- ¿Vos sabes que yo te amo mucho, mucho. No?
- Sí mami, yo también te amo. –Sonreí y besé reiteradas veces su mejilla.-
- ¿Volvemos con papá?
- Para.
- ¿Qué pasa?
- Hoy papá me dijo que me parezco mucho a vos.
-Sonreí.- ¿Por qué?
- Porque soy muy ansiosa.
-Reí.- Igualita a mí.
- Y también me dijo que le gustaba que sea parecida a vos.
-Suspiré.- ¿Volvemos con él?
- Sí mami.

Salimos de la habitación de la mano y fuimos hasta la cocina.

- ¿Te ayudamos en algo? –Pregunté.-
- ¿Quieren poner la mesa?
- Dale.
- Pasale las cosas a mamá Delfi, vos que sabes a donde están. –Dijo Pedro.-

Y así pusimos la mesa. Delfi no dejaba de sonreír y por un lado me mataba de amor y por otro de tristeza, por no poder regalarle esta realidad cotidianamente.

Suspiré e intenté disfrutar del momento.

Pedro le cortó la comida a Delfi y comenzamos a comer.

- Está rico papi.
-Pepe rio.- Gracias Delfi.
- ¿A vos te gusta mami?
- Sí, está rico. Papá cocina muy bien.
- ¿Te cocinó muchas veces?
-Reí.- Sí, algunas veces.
- ¿Cuándo eran novios?
- Sí. –Dije y por suerte, Pedro me sacó de la situación.-
- ¿Queres jugo Delfi?
- Sí pa.

Pedro le sirvió jugo y me ofreció a mí también, asique acepté.

Almorzamos hablando de cosas cotidianas con Delfi, especialmente de la escuela y luego me ofrecí a lavar y ordenar la cocina. Pedro no quiso en un principio, pero terminó por aceptar.

Ellos levantaron la mesa y yo lavé.

- ¿Y el helado? –Preguntó Delfi.-
- ¿Lo queres ahora? –Preguntó Pedro.-
- ¡Sí!
-Rio.- Ahora lo servimos y vamos a la plaza. ¿Queres?
- ¡Sí! –Repitió.-

-

Fuimos con Pau y Delfi a la plaza y ella corrió a los juegos. Con Pedro reímos y nos sentamos en un banco.

- ¿Cómo estás? –Pregunté.-
- Bien. ¿Vos?
- Bien. –Reímos.- Está feliz.
- Sí… -Suspiré.- Me da tristeza.
- ¿Por qué?
- Porque podría estar así de feliz todos los días.
- ¿Vos crees que no es feliz?
- No, la veo feliz. Pero que estemos separados le duele.
- Lo sé. –Suspiramos y no supimos qué decir.-

Delfi corrió a nosotros y se sentó sobre mis piernas.

- ¿Qué pasa Delfi? –Pregunté.-
- Que una vez que estamos los tres, me quiero quedar con ustedes. –Se paró en medio de nosotros, sobre el banco y nos abrazo por el cuello.-
- ¿Y qué queres que hagamos? –Preguntó Pau.-
- Nada, quedarnos acá.

Con Pepe nos miramos y suspiramos. La abrazamos con fuerza y le dimos un beso sándwichito.

- ¿Queres que te acompañemos a los juegos? –Propuse.-
- ¡Sí! –Dijo y se separó de nosotros, festejando.-
- ¡Vamos entonces!

Paula y yo nos paramos, la tomamos de sus manos y ella bajó del banco pegando un salto.

Corrió hasta la hamaca y Paula la hamacaba de atrás y yo de adelante. Ella reía.

Luego, fuimos al tobogán y nos sacamos algunas fotos, al sube y baja y después, ella escaló con mi ayuda.

- Estoy cansada. –Dijo sentándose en el piso. Paula y yo reímos.-
- ¿Queres que volvamos a casa? –Pregunté.-
- ¿Los tres?
- Sí, los tres. –Respondió Pau y ella sonrió.-
- Entonces sí.

Nos dio una mano a cada uno y  nos dirigimos hasta el auto. Pasamos a comprar facturas para merendar y luego volvimos a casa.

Pau y Delfi estaban en el balcón, porque en realidad era un departamento, esperando a que yo prepare la merienda.

-

- Veni que te acomodo el peinado. –Dije y acomodé sus colitas.- ¿Estás bien?
- Sí. ¿Por?
- Por la tos… Corriste mucho.
- Estoy bien.
- ¿Segura?
- ¡Sí ma! –Reí y vino Pedro.-
- Anoche casi ni tosió. ¿No Delfi? –Dijo él mientras se sentaba.-
- No, pude dormir toda la noche. –Dijo sonriente.-
- Mejor entonces. –Dije y besé su mejilla.-
- ¡Quiero una factura! –Y agarró una medialuna.-

Pedro y yo reímos y comenzamos a merendar.

- ¿Puedo hacer una pregunta?
- Obvio Delfi. –Le dije.-
- ¿Nosotros somos una familia?
-Suspiré.- Obvio princesa.
- Mmm… No sé yo. –Dijo algo triste.-
- ¿Por qué hija? –Le preguntó Pepe.-
- Están separados. –Respondió.-
- Eso no tiene nada que ver, siempre vamos a ser tu familia y tus papás. –La senté en mis piernas.- Hablamos muchas veces esto.
-Suspiró.- Ya lo sé, pero quería preguntarlo.
- Está bien, podes preguntar todo lo que quieras. –Le dijo Pepe.-
- Todo lo que puedas saber. –Dije atajándome.-
- Sí, ya sé. ¡Porque soy chiquita! –Pepe y yo reímos.-


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Quiero que sepan que amo a Delfi y creo que ustedes también la van a amar.

jueves, 1 de octubre de 2015

41. 360°.

Un giro de 360° de un momento al otro. 

De un segundo al otro, todo puede cambiar… Incluso, tu vida entera.

Cambian tus prioridades, tus responsabilidades, tus alegrías y tus tristezas.

Cuando nace un hijo cambia todo. Dicen que una madre, es mamá desde que está el bebé en su panza… Pero un padre, cae cuando lo ve. Cuando nace, cuando lo tenes en brazos, cuando lo sentís respirar… Todo cambia, y cuando digo todo: es todo.

Tu vida cambia, de una manera hermosa y para siempre.





El día que Delfi nació mi vida dio un giro de 360°.

Todo cambió de un segundo al otro y ya no había vuelta atrás. (Por suerte). Ser su papá era y es lo más lindo que tengo en la vida, quizás me gustaría que sea en otros términos, porque a veces me da miedo estar ausente, pero intentamos manejarlo lo mejor que podemos y por suerte, pudimos dejar en el pasado lo que sucedió y tener una buena relación con Paula.

Igual, no es más que eso. Es una buena relación como padres de Delfina y tenemos una especie de acuerdo tácito de no tener contacto físico, por miedo a cagarla. Es por eso que intentamos evitar hasta el saludo.

No sé de su parte, pero por la mía sigue pasando de todo.

Bueno, volviendo a mi hija. La realidad es que el día que Paula me dijo que estaba embarazada, a pesar de la felicidad y de la emoción, fue un baldazo de agua fría. Yo era pendejo y estaba por tener un bebé.

Si bien, no sabía qué estudiar, dejé de lado la idea de ir a la facultad y me puse a buscar trabajo… Por mis conocimientos de dibujo y de algo de diseño, pude comenzar a trabajar en una editorial y de a poco, fui ascendiendo.

Hoy hago historietas para algunas publicaciones y además, hice algunos cursos de PhotoShop para poder participar del diseño de logos y demás. No estudié, pero la realidad es que me gusta mucho mi trabajo.

Delfi. ¿Cómo explicarlo? Es mi vida. Sí, así. Lisa y llanamente, es mi vida entera. Me hizo cambiar completamente la perspectiva de la vida. Por ella todos los días tienen sentido. Mis viejos la aman y aunque, claramente les costó aceptar que con 18 años iba a ser padre… (Bueno, en realidad con 19 cuando nació), ni bien la vieron entendieron que tenían una nieta para malcriar y lograron dejar todo atrás.

- Es hora de bañarse Delfi.
- ¡Ufa!
- ¿Ufa? ¿Ufa? –Pregunté haciéndole cosquillas.-
- ¡Papá!
- ¿Qué?
- ¡No me hagas cosquillas!
-Reí y frené, besé su mejilla.- Dale, anda a bañarte así después comemos.
- ¿Puedo llamar a mamá primero?
- Sí, obvio. ¡Pero después te bañas!
- Sí papá, después de comer.
- ¡Delfina! –La reté y ella rio.- Anda a llamar a mamá y después vemos. –Delfi sonrió.-

Delfi llamó a su mamá y luego de que se bañara, la llamé a comer.

Serví la comida y cenamos. Ordené la cocina y ella se quedó sentada, sin hacer ni decir nada.

- ¿Pasa algo Delfi? Estás muy callada. –Se encogió de hombros.- Mmm… -Me acerqué a ella y me agaché a su altura.- Hija. –Me abrazó por el cuello y la alcé, la llevé hasta mi habitación y me senté en mi cama con ella a upa mío.- Delfi… -Acaricié su espalda.- Hey. ¿Qué pasa?
- Nada.
- ¿Nada?
- No.
- ¿Y por qué no te creo? –Se encogió de hombros otra vez.-
- No quiero hablar papá.
- Hace bien hablar Delfi.
- Después.

Suspiré y me acosté, ella nunca me soltó y me quedé un rato con ella. Haciéndole mimos.

De un momento al otro, se sentó en mis piernas y me miró seria.

- ¿Por qué vos y mamá no están juntos?
- Ya hablamos de eso Delfi.
- Respondeme papá.
-Suspiré.- Nos peleamos antes de que supiéramos de que estabas adentro de la panza de mamá.
- ¿Por qué se pelearon?
- Son cosas de grandes.
- ¿No se quieren?
- Si que nos queremos, somos tus papás.
- ¿Y por qué no están juntos?
- No te lo puedo contar, sos muy chiquita.
- ¿Y no pueden estar juntos otra vez? Pasó tiempo ya.
- No mi amor.
- Dale, por favor.
-Reí.- Las cosas no son tan fáciles cuando dejas de ser chiquito.
- ¡Ufa!
- ¿Por qué me preguntas esto? Lo hablamos muchas veces.
- Cuando llamé a mamá estaba llorando y siento que siempre que me voy de la casa de uno se quedan un poco tristes y además, yo ahora extraño a mamá y cuando estoy en su casa te extraño a vos. –Dijo triste.-
-La abracé contra mí.- Perdón, te juro que si pudiera arreglaría las cosas.
- ¿Fue tu culpa?
- Mmm… Sí.
- Entonces tengo que convencer a mamá.
-Reí.- No Delfi, vos no tenes que hacer nada.
- ¿Por qué?
- Porque vos no tenes nada que ver en lo que pasó entre mamá y yo.
- Pero soy su hija.
- Sí, y siempre lo vas a ser y por eso, mamá y yo siempre vamos a estar unidos. Por vos.
- Me pone triste igual.
-Suspiré.- ¿Y si te abrazo fuerte se te pasa?
- Un poquito.
- ¿Me prometes algo hija?
- ¿Qué papá?
- No te vas a meter en la relación entre mamá y yo, porque son cosas de grandes y vos sos una nena.
- Está bien.
- ¿Me lo prometes?
- Sí papá. –Suspiró.-

La abracé y mis ojos se llenaron de lágrimas.

- Te amo chiquitita.
- Yo también te amo papi.

Me quedé con ella hasta que se quedó dormida y la llevé a su cuarto, la cambié sin despertarla y la metí en la cama.

- Hasta mañana mi amor. –Besé su frente y luego salí de la habitación.-

“Pau… ¿Estás?”

“Sí. ¿Pasó algo?”

“Delfi me dijo que te llamó y estabas llorando. ¿Estás bien?”

“Sí, es solo que estaba mirando cosas suyas y justo me agarró emocionada.”

“¿Segura?”

“Sí, no te preocupes.”

“Me estuvo preguntando otra vez sobre nosotros y dice que cuando se va de la casa de uno siente que deja triste al otro y que nos extraña.”

“Ay, mi chiquita :( 


“¿Te parece si mañana almorzamos los tres juntos acá en casa?”

“Dale y después podemos llevarla a algún lado.”

“Lo que quieran.”

“¿Te parece venir tipo mediodía?”

“Dale, llevo helado.”

“Dale, dale. Yo preparo algo rico para comer.”

“¿Delfi ya duerme?”

“Sí, se quedó dormida hace un rato.”

“Bueno, nos vemos mañana entonces.”

“Dale Pau, un beso.”

“Un beso.”

Y cada vez que hablaba con ella la vida se me daba vuelta. Intenté entablar algunas relaciones, pero nunca pude. De hecho, hace unas semanas corté con mi pareja porque no puedo. No puedo dejar de amarla y amar a otra mujer. Ella es el amor para mí.

Todas las noches cuando cerraba mis ojos tenía la misma imagen, ellas dos junto a mí formando una familia.

No entendía por qué las cosas tenían que ser tan difíciles.

Sabía que si Delfi había llegado a nuestra vida había sido por algo, y estaba seguro de que ese “algo” era mantenernos unidos, es por eso que me gusta vivir con la esperanza de que algún día vamos a poder estar juntos, otra vez.

Esa imagen era la que me mantenía con fuerzas.

“Necesito que me digas que me quieres.
Necesito que me vengas a buscar.
Porque yo quiero saber si tu amor es verdad.
Si me miras a los ojos, lo dirás.”

▼ ▲ ▼ ▲ ▼ ▲ ▼ ▲ ▼ ▲ ▼ ▲ ▼ ▲ ▼ ▲ ▼

Bueno, ahora tienen el panorama desde los dos puntos de vista... ¿Qué pasará? :O

Observen la bondad que tengo y la cantidad de capítulos que estoy subiendo eh, jaja!

Miiil gracias por los comentarios hermosos del capítulo anterior, me alegra que les guste el giro en la historia.☺ Y sigan comentando por favor!





40. Delfina.

“La cosa más insignificante puede cambiarte la vida en un abrir y cerrar de ojos, cuando menos te lo esperas ocurre algo por casualidad que te embarca en un viaje que no habías planeado, rumbo a un futuro que jamás imaginado.”



Tocaron timbre y ya sabía que era Pedro, fui a abrir.

- Hola. –Dije cuando lo vi.-
- Hola. –Respondió.-
- Ya te la traigo.
- Dale, no hay problema.

Caminé hacia dentro de la casa.

- ¡Delfi! ¡Dale que ya llegó papá!
- Veni mamá.
- ¿Qué pasa Del? –Pregunté entrando a su habitación.-
- ¡No encuentro a Nina!
- ¿No la dejaste en mi cuarto?
- Ah, es verdad. La voy a buscar.
- Dale, pero apurate eh.
- Sí ma.

Delfi fue a buscar a su muñeca y cuando lo vio a su papá, corrió para que le haga upa.

- Hola princesita.
- Hola papi. –Lo abrazó del cuello.-
- Delfi, tenes que abrigarte antes de salir. –Dije.-
- Traeme la campera mamá.
-Reí.- La tengo acá.
- Entonces que papá me baje así me la puedo poner.

Pedro y yo reímos y Delfi se puso su campera, la ayudé a ponerse su mochila y agarró a su muñeca.

- Beso a mamá antes de irte. –Dijo Pedro.-
- Chau mami. –Me agaché a su altura y besó mi mejilla.-
- Chau hija, que la pasen lindo. –Sonrió.- Y no te olvides de llamarme eh. –Dije y acaricié su nariz. Ella negó con su cabeza y sonreímos. Nos dimos un abrazo y Pedro la subió a upa otra vez.- Chau Pedro.
- Chau Pau.

Y se fueron. Suspiré y cerré la puerta. Siempre que Delfi se iba sentía la casa vacía.

Porque claro, esa noche las pastillas parece que se olvidaron de hacer su efecto y Delfi apareció adentro mío. Al principio me quería morir, esa noche la habíamos pasado increíble, pero con Pedro las cosas no se habían arreglado. ¡Y estábamos por ser padres! Y, no es un detalle menor que él tenía apenas 18 años.

Pasaron algunos días en los cuales la única que lo sabía era mi hermana, hasta que por fin me animé a decírselo a Pedro.

Ese día, le envíe un WhatsApp, porque no soportaba más la idea de que él no lo sepa. Era el padre y tenía que saberlo, luego él decidiría que hacer con la realidad. 


“Pedro, necesito verte y no te ilusiones porque no es lo que pensas.”

“¿En dónde queres que nos veamos?”

“¿Podes venir a mi casa?”

“¿Ahora?”

“Lo más pronto que puedas.”

“En un rato estoy ahí.”

“Está bien, te espero.”

La espera hasta que llegó fue interminable, incluso mucho más interminable que la del maldito test de embarazo.

- No entiendo qué pasa. ¿Por qué estás tan nerviosa?
- ¿Vos te acordas de la última noche que pasamos juntos?
- Sí Pau, obvio.
-Suspiré, nerviosa, con lágrimas en los ojos.- Esa noche… Quedé embarazada. –Y mi cuerpo se aflojó, me senté en el sillón.- Perdón, no era lo que quería y entiendo si no queres hacerte cargo, si queres borrarte, no sé. Podes hacer lo que quieras, pero tenías que saberlo. –Y en ningún momento lo miré.-
-Se agachó a mi altura, llorando.- Que no estemos juntos no quiere decir que esta noticia no me haga el hombre más feliz del mundo.
- Tenes 18 años.
- ¿Y? Estemos juntos o no, voy a tener un hijo con la mujer que más amo en el mundo. –Sonreí.- ¿Te puedo abrazar?
- Por favor. –Pedro me abrazó y me desarmé en sus brazos.- Me muero de miedo.
- Tranquila, yo voy a estar con vos. Con ustedes.
-¿No tenes miedo?
- Muchísimo, pero voy a estar ahí para cuidarlos.
- Gracias.
- Sh… -Se separó un poco de mí y me dio un beso corto en mis labios, sin decirme nada, tocó mi panza y ambos sonreímos llorando.- ¿Qué sabes?
- Nada, solo me hice el análisis de sangre y estoy de 8 semanas.
- ¿Nada más?
- No.
- Bueno. –Secó mis lágrimas.- Yo quiero saber todo y quiero acompañarte en todo. ¿Me vas a dejar?
- Obvio que sí. –Sonreímos y volvimos a abrazarnos.- Gracias.
- ¿Por qué?
- Por reaccionar así.
- ¿Cómo esperabas que reaccione?
- Tenía miedo, no sé.
- No, no tengas miedo. Siempre voy a estar para cuidarlos.
- Gracias. –Lo abracé con fuerza.--

El embarazo fue completamente hermoso y normal… La sensación de que no estaba más sola me llenaba el alma (y el cuerpo).

Sentirla moverse dentro mío era algo indescriptible.

La parte negativa era que me moría por estar Pedro, en dormirme abrazada a él. En tener su contención, pero con el tiempo aprendí que nuestra relación como pareja se había terminado y ahora empezaba una nueva, como padres de Delfina.

Delfina es una nena hermosa, de 8 años. Su pelo es castaño y está llena de rulitos que me cuesta muchísimo tiempo peinar, su piel es clarita y me llega a la cintura. Es demasiado despierta y manipuladora, siempre logra lo que quiere. Suele ser muy tierna, especialmente con Pedro y conmigo. 


En pocas palabras… Me llena de orgullo ser su mamá.

Al principio fue difícil, muy difícil. Pedro tuvo que conseguir un trabajo y dejar de lado la idea de estudiar para poder hacerse cargo. Yo seguí con mis clases particulares y en la universidad, aunque claro que mi vida había cambiado para siempre.

Esa noche no tenía ganas de cenar, por lo general cuando Delfi se iba con Pedro me agarraba la fiaca de no hacer nada, asique me preparé mate y me fui a mi cuarto. Busqué debajo de la cama una caja que tenía llena de cosas de mi hija y comencé a revisar, algunas lágrimas se me escaparon. ¡Es que la amaba tanto!

Encontré las fotos del día que nació y mi mente se llenó de recuerdos, ese día si que cambió mi vida para siempre. Pedro estuvo siempre a mi lado y eso me hizo dar cuenta de que mi hija y yo siempre íbamos a tenerlo.

Fue un parto natural, doloroso como todos, pero cuando escuché su llanto por primera vez me olvidé de absolutamente todo. La sensación de felicidad más grande en el universo había invadido mi cuerpo.

El sonido de mi celular me desconcertó. Atendí y yo no respondía, porque no podía hablar de las lágrimas. (Si, ser madre me sensibilizó y ahora lloro todo lo que no lloré en mi vida)

- Hola mami.
- Hola hija. ¿Cómo estás?
- Bien, recién volvimos de los jueguitos con papá.
- ¿Y ya comieron?
- No, está preparando ahora.
- ¿Y qué van a comer?
- ¡Milanesas!
-Reí.- Bueno, está bien. Ojala que le queden ricas.
- Espero que sí, la última vez se le quemaron. –Reímos.-
- Acordate de tomar el remedio de la tos antes de comer eh.

- Sí, papá ya sabe y lo puso arriba de la mesa así no nos olvidamos.
- Está bien entonces.
- Me está llamando mami.
- Anda entonces. Te dejo mi beso de buenas noches.
- Y yo el mío mami. Te amo.
-Sonreí.- Yo también te amo hija, muchísimo. Hasta mañana.
- Hasta mañana.

Sonreí y dejé mi celular a un lado, cuando Delfi no estaba en casa lo dejaba prendido. No era que no confiara en Pedro, porque era un padre hermoso y súper protector, pero siempre las dudas están. Varias veces hemos tenido que ir al médico de noche y no soportaría no enterarme.

En fin, guardé todo debajo de la cama y dejé las cosas del mate en la cocina. Ordené un poco la casa y me fui a mi cama, busqué alguna película para ver y allí me quedé.

¿En cuánto a mi vida amorosa? Creo que en el cementerio. Sí, hasta a mí me da risa y pena a la vez. Intenté algunas relaciones pero eran en vano, especialmente porque no se llevaban bien con mi hija o porque no soportaban que la tuviera. ¡Y claro que siempre primero va a estar ella!

De mi padre no supe nunca más nada, por suerte y con mi vieja tenía una relación hermosa. Esa relación que siempre había y deseado y nunca había tenido. Delfina nos unió y amaba escuchar sus consejos sobre como criarla, aunque con varias cosas no concordara. 

Desde que Delfi había aparecido en mi vientre mi vida había cambiado demasiado, incluso me atrevería a decir que había cambiado todo… Excepto una cosa.

Sí, exacto.

Todo cambió menos lo que siento por Pedro. 

Hace ocho años que lo amo en silencio. Hace ocho años que todas las noches lloro por él, por mí y por mi hija, lloro por no poder formar la familia que siempre soñé y por no poder regalarle a Delfi esa familia.

Intentaba ser una buena madre, hacía todo lo posible por no cometer los mismos errores que mi mamá… Pero, no poder darle esa figura de una pareja llena de amor, me dolía.

Me dolía no tenerlo a mi lado.

“Extraño esa parte de mí, que se fue contigo.”



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ESTOY ESPERANDO SUBIR ESTE CAPÍTULO DESDE EL DÍA QUE EMPEZÓ LA NOVELA, NO SÉ SI ENTIENDEN MI EMOCIÓN PORQUE HAYAN LEÍDO ESTO.
Mi idea era cortar la novela en 50 capítulos, hasta que alguien en ask me dijo "Me gustaría algo de PyP separados con un hijo" y nada... Terminé en 100 capítulos más. Gracias a quien haya sido esa persona. 


La historia empieza a tomar un rumbo distinto como se habrán dado cuenta y espero que les guste.


Más que nunca hoy: COMENTEN. Se los ruego.