sábado, 26 de septiembre de 2015

32. Besos.

“No se trata solo de sexo. No me malinterpretes. El sexo es increíblemente genial, pero cuando tienes una conexión con alguien, cuando sientes algo tan fuerte por alguien, sólo un beso es suficiente para que tus rodillas se sientan débiles. Y simplemente no se puede superar eso.”



Atravesamos la puerta de mi casa y me colgué de su cuello, lo único que quería era besarlo. Besarlo hasta la eternidad. Sus labios eran mi sabor preferido, la sensación que generaba en mí con tan solo un beso me volvía loca.

Con ese mismo beso fuimos hasta la cama y allí nos quedamos, charlando.

- No te pregunté. ¿Cómo te fue hoy en la psicóloga?
- No me gusta mucho hablar de esas cosas.
- Solo decime cómo te fue.
- Bien, creo. Hablé mucho de lo de mi papá y eso me angustió un poco, no sé.
- ¿Y seguís angustiada? -Me encogí de hombros y él se tiró sobre mí, llenándome de cosquillas.-
- ¡No! ¡No seas forro! –Dije riendo y tratando de sacarlo de encima mío.-
- ¿Yo forro?
- ¡Sí, vos!
- ¿Yo? –Y aumentó las cosquillas.-
- Prefiero que me beses. –Dije.-
- ¿Sí?

Asentí y frenó con las cosquillas para besarme.

- ¿Ves? Así está mejor.
- Puede ser. –Respondió y reímos.-
- ¡Es, es! –Dije y volví a besarlo.-
- Okei, okei. –Reímos.-
- ¿Miramos una peli?
- ¿Queres ver una peli?
- La noche es larga che.
- ¿Y qué peli queres ver?
- Mmm… -Me senté en la cama y agarré el control remoto.-
- Que sea entrenida eh.
- ¿Vos solo queres eso?
- No tonta. –Besó mi mano.-
-Reí.- Sos tremendo.
- Es que vinimos a la cama y…
- ¿Y qué? –Pregunté y apagué la tele.-
- Y mi cuerpo no se controla.
-Reí.- Sos terrible.
- Ya te dije que vos me pones así.
- En la cocina hay unos bombones…
- ¿Yo no te alcanzo?
-Reí.- ¡Sos un tarado!
- ¿Me estás pidiendo que vaya a buscarlos?
- Exactamente. –Reímos y me dio un beso antes de irse.-

Cuando volvió…

- Los bombones los traje yo, asique ahora te la bancas.
- ¿Qué cosa?
- Mmm… ¿Queres un bombón?
- Sí.
- Entonces me vas a tener que dar un beso. –Le di un beso.- ¡Un beso de verdad! –Reí y le comí la boca.- Okei, okei… Ahí va mejor. –Y me dio un bombón en la boca.-
- ¿Queres? –Pregunté.-

 Él asintió y mordió un pedazo del bombón que tenía en mi boca.

- La caja la sigo teniendo yo igual. –Pensó unos segundos.- ¿Queres otro? –Asentí.- Te vas a tener que sacar la remera. –Reí y lo hice.-
- ¡Quiero mi bombón!
- Un poquito más…
- ¿Un poquito más qué?
- El corpiño.
- ¡Sos tremendo! –Me puse de espaldas y lo quité.- ¡Si queres verme, el bombón!

Pedro rio y se puso de frente a mí, me dio el bombón en la boca y mordí sus dedos. Mientras comía el bombón, besó la piel de mis pechos sin ningún tipo de pudor, a la vez que yo desacomodaba su pelo.

- ¡Quiero otro!
- Esto se pone interesante. –Quitó mis zapatillas y mis medias.-
- ¿Eso solo?
- ¡No, ni loco! –Reímos.- La calza… -Reí y me paré, para quitar mi calza y mostrarle mi cola.- ¡Sos un fuego! –Dijo.-
- ¡Mi bombón! –Me dio otro bombón en la boca y volví a ponerme de espaldas, para que tocará todo lo que quisiera.-
- ¡Falta un bombón! –Recriminé.-
- Queda una sola prenda…
- Sacala vos. –Dije provocativa.-

Y claro que él no lo dudó, quitó lentamente mi tanga hasta que cayó en el suelo. Me di vuelta y le di un bombón en la boca, él me dio el otro.

Lo agarré de la remera y lo llevé hasta que quedó parado contra el placard. Sonrió y me besó, sus manos se posaron en mi cintura y era increíble como con un beso me volvía loca. Tan solo con un beso me hacía temblar de punta a punta.

Quité su remera y la mandé al diablo. Mis manos recorrieron su pecho y mi boca no se separaba de la suya.

- Tus labios son mi lugar preferido en el mundo. –Dije.-
-Me aprisionó contra su cuerpo.- Vos sos mi lugar en el mundo. –Sonreímos y nos besamos sin piedad por minutos demasiado extensos.-

Mis manos se encargaron de desabrochar y bajar su pantalón, sin dejar de besarlo, mi mano comenzó a frotarlo a medida que mis labios se desesperaban aún más.

Me separé de sus labios y besé su cuello y garganta. Bajé por su pecho hasta quedar arrodillada frente a él, su sonrisa ya me enloquecía. Saqué su boxer y sonreí. Lo tomé entre mis manos y luego lo hice con mi boca mientras mi mano tocaba mi lugar más íntimo. Ambos estábamos demasiado excitados.

Me obligó a pararme y me tiró en la cama, con sus manos acarició mis piernas a medida que las iba abriendo y sonreí. Era mi turno.

Sus besos comenzaron en mi abdomen y sus dedos me acariciaban lentamente en aquel lugar predilecto. Mis manos sostenían con fuerza las sábanas que estaban debajo de mí cuando sus besos comenzaron a bajar y me recorrieron entera, después de sus labios vino su lengua. ¡Y me hizo estallar!

Me dejó volver a la realidad con pequeñas caricias en aquel mismo lugar y subió hasta mi boca.

- ¿Puedo seguir?
-Reí.- Sos un tarado.
- Tenes cada vez menos aguante.
- Si no lo haces. ¡Te mato! –Dije tomándolo del cuello.-

Lo sentí entrar de a poco y sí… Otra vez era suya.

-

Paula descansaba a mi lado, boca abajo y abrazando la almohada.

Con mi mano acariciaba su espalda y ella tenía una sonrisa estampada en la cara.

- Quiero que esto dure para siempre. –Dijo.-
- Siempre es ahora. Siempre es hoy.
-Sonrió.- Entonces, quiero que esto dure para todos los hoy de mi vida.
-Reí y besé su mano.- Sos tan linda…
- ¿Así?
- Así es cuando más linda sos. Toda despeinada y desnuda, a mi lado.
-Sonrió y abrió sus ojos.- Vos me dejas así.
- Por eso, es cuando más linda estás.
-Rio.- Veni.
- Estoy acá.
- ¡Más cerquita!

Me acerqué a ella hasta que quedamos frente a frente, solo nos separaban algunos centímetros.

- ¿Qué pasa?
- Quería besarte. –Y me besó.- Por mucho tiempo.
-Reí.- Soy todo tuyo.

Sus labios y los míos, la conjunción perfecta.

Se quedó dormida y yo no podía dejar de mirarla. Demasiado hermosa para ser real.

Y qué si el amarte me cuesta la vida, y qué si aunque siempre te pienso tu olvidas, y qué si esperando me quedo sin días, si probarte es un acto suicida… ¿Y qué? ¿Y qué? 

Y qué si mi karma es tu boca prohibida, y qué si hasta el alma por ti vendería. y qué si mi cielo se llena de espinas, si probarte es un acto suicida yo prefiero morir a tu lado a vivir sin ti.

Y qué si es veneno lo que hay en tus besos. Y qué si mi amor para ti es solo un juego ¿Y qué? Ya no puedo cambiar lo que siento, yo no puedo elegir porque... Te amo... Yo te amo... 


Y qué si tu amor hacia mí dura un día, y qué si ese amor en verdad me asesina, y qué si el tocarte al infierno me envía, si probarte es un acto suicida yo prefiero morir a tu lado a vivir sin ti.”

Me levanté al baño y cuando volví, ella estaba despierta.

- Veni a dormir Pepe.
- Estoy desvelado.
- ¿Estás bien? –Preguntó.-
- Sí, es solo que no me puedo dormir.
- ¿Queres unos masajitos relajantes?
- Mmm… Me encantaría. –Dije y me senté en la cama.- Pero vos estabas durmiendo.
- Pero tengo toda la noche para dormir.

Dijo y se arrodilló detrás de mí, presionó con sus pechos mi espalda y sonreí.

- Creí que eran solo masajes.
- Solo son masajes. –Dijo masajeando mi cuello.-
- Mmm… Controlate entonces.
- Estoy controladísima yo.
- ¿Sí?
- Sí. –Y besó mi cuello.- Cerra los ojos y relajate.

Suspiré y cerré los ojos, ella continuó con los masajes.



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Capítulo de sábado... Nos leemos en el próximo por el mismo canal. (?

Sean piolas y comenten☺☺☺

viernes, 25 de septiembre de 2015

31. ¿El tiempo lo cura todo?

Cuántas veces escuchamos entre medio de las lágrimas: “Date tiempo, vas a ver que de a poco pasa…”

¡Como si dejar pasar el tiempo fuera simple!

Sí, puede que el correr del tiempo aliviane un poco la situación, pero la tristeza sigue ahí, quizás se achicó, pero sigue ahí y hay una herida nueva con la que hay que aprender a convivir.

Esa herida puede cicatrizar, pero ya no hay vuelta atrás. Es parte de nosotros.

Si nos detenemos a pensar, la mayoría de nuestras características tienen que ver con algo que nos pasó, con algo que nos marcó. Todo lo que nos pasa deja alguna huella, las cicatrices se acumulan y nos moldean.





Terminó el invierno y la primavera había asomado hace rato.

Los días comenzaban a suceder, el sol salía y se ocultaba… Las horas pasaban.

¿Yo? Acá. Me llevo poco tiempo dejar de llorar, pero varias semanas dejar de pensarlo.

Ya está, era la realidad. ¿Qué iba a hacer? Lo único que había decidido es que no quería verlo nunca más. ¡Y no lo iba a ver nunca más! Era todo lo que necesitaba saber.

Hoy estoy bien, o como siempre. Con la diferencia de que Pedro me hace todos los días un poquito mejor.

Finalmente, la terapia me hacía bien. ¡Muy bien! Y ni yo lo podía creer. Me ayudó a acomodar las ideas en mi cabeza, a establecer prioridades y a darme cuenta de que había vivido mucho tiempo dormida y por suerte ahora estaba comenzando a despertar. Claro que en todo aquel proceso tenía que ver Pedro.

Mi vieja había empezado a laburar con mi hermana, en su negocio de ropa y de a poco salía de ese estado depresivo en el que había entrado.

Ah, me olvidada. ¡Por suerte no supe nada más de Alejandro! Esa amenaza por suerte nunca llegó a nada… Y esperaba que nunca llegue.

-

Nuestro viaje de egresados quedó en la nada, asique ir a la escuela era una depresión. (No exagero)

En mi casa, las cosas estaban bien. Ya conocían a Paula y la amaban. Todo de a poco, se acomodaba. ¡Todo parecía marchar sobre ruedas!

Salí de bañarme y me vestí, saldríamos con mi novia. Ah, porque sí. ¡Ya habíamos oficializado!

Hasta hacia pocos minutos, nos encontrábamos haciendo el amor con la misma pasión de siempre y creí que ese era el momento. Ninguno de los dos creía en el romanticismo extremo y tenía ganas de hacerle la propuesta hacia mucho tiempo y hoy hacía cuatro meses nos habíamos conocido.

Ella estaba acostada, frente a mí.

- Pau… -Dije corriendo el pelo de su cara.-
- ¿Qué mi amor?
- Quiero preguntarte algo.
- Y preguntame. -Reí y tomé sus manos.- ¡Dale nene!
- Impaciente.
- Ansiosa. –Sentenció.-
-Me acerqué a ella y choqué mi frente con la suya, la besé y la miré.- Capaz te parezca una gilada, pero te lo quiero preguntar igual.
- ¡Habla! –Dijo riendo.-
- ¿Queres ser mi novia?
-Sonrió y me besó.- Sí, obvio que quiero. –Me abrazó por el cuello e intensificó aquel beso.-
- Te amo. –Susurré.-
- Te amo Pedro. –Volvimos a besarnos y nos abrazamos.-
- ¿No te parece una boludes? –Pregunté.-
-Negó con su cabeza.- No creo que sea imprescindible, pero me gusta saber que ahora soy tu novia.
- Mi novia, qué lindo suena.
- Muy lindo. –Me besó.- Pero, vos sos más lindo.
- Vos más que yo.
- No, vos…
- Vos. –Y cuando quiso responder, la callé de un beso.- Eso no se discute.
-Rio.- Somos los dos lindos. –Reímos y nos besamos.- Tengo frío.
-Busqué mi remera y se la di.- Ponete esto, que me encanta como te queda.

Ella rio y se puso mi remera sobre su cuerpo completamente desnudo. La agarré del cuello y la bese.

- No te entusiasmes.
-Reí.- Sos mala.
- Tengo sueño nene.
- Poco aguante tenes.
- ¡Callate mejor! –Reímos.-
- Los años no llegan solos…
- ¡Te mato! –Dije levantándose de la cama.-
- ¡Ni se te ocurra! –La agarré de la mano y la obligué a sentarse en la cama.- Ni se te ocurra. –La abracé por la espalda y besé su cuello. Ella reía.-
- Tengo sueño, de verdad.
- Dormirmos entonces.

Le abrí la cama y ella se metió, la tapé hasta su cuello y sonrió. Besé su frente y me acosté frente a ella.

- Descansa novia.
-Rio.- ¿Ves que sos un tarado?
-La besé.- Tonta.
- ¡Basta! –Reímos y nos dimos un beso.- Hasta mañana.
- Hasta mañana.

Nos dimos un último beso y nos acomodamos para dormir.

Mis viejos me habían regalado la plata del viaje de egresados y me compré una moto, asique ahora podía pasar a buscar a mi novia.

Le avisé que estaba abajo y la esperé.

- Hola. –Dijo acercándose a mí.-
- Hola mi amor. –Nos besamos.- ¿Cómo estás?
- Bien. ¿Vos?
- Bien. –Sonreímos.- Toma. –Le di su casco.- Subite.
- Dale.

Paula se puso su casco y se subió, detrás de mí. Me abrazó por la espalda y besó mi nuca.

- Qué rico perfume.
- ¿Te gusta?
- Sí… -Repitió la acción.-
- Es nuevo.
- Ponetelo seguido.
-Reí.- Dale.
- ¿A dónde vamos?
- Sorpresa.
- ¡Eso no vale!
- ¡Sí que vale! Y agarrate fuerte que arranco.

Arranqué la moto y emprendí el camino.

Cuando llegamos, dejé la moto en un poste y comenzamos a caminar de la mano.

- Sigo sin saber a dónde vamos.
- A comer.
- ¿A dónde?
- A un restaurant Pau.
- ¡Qué gracioso che!
- ¡Pero mira lo que preguntas!

-Revoleó sus ojos.- ¿A qué restaurant?
- A uno…
- ¡Sos un tarado! –Dijo riendo.-
- ¡Deja de decirme tarado! –Y la besé.-
- ¿Me decís a dónde vamos?
- A donde fuimos la primera vez que salimos.
-Sonrió.- Es re lindo ese lugar.
- Por eso se me ocurrió ir ahí.
- Me encanta.

Nos dimos un beso y caminamos las dos cuadras que nos separaban del restaurant.

Después de cenar, salimos y comenzamos a caminar, hasta que llegamos a una plaza.

Nos sentamos en un banco y la abracé por el costado.

- ¿Estás bien? –Le pregunté.-
- Sí. ¿Por qué?
- ¿No tenes frío?
-Negó.- No. –Me besó.- ¿Tengo cara de tener frío? –Preguntó riendo.-
- No, no sé. Pregunto por las dudas.
-Sonrió.- Quiero quedarme un ratito acá.
-Saqué un par de chocolates del bolsillo de mi buzo.- Seguro estén aplastados, pero son chocolates al fin.
-Rio.- Siempre sabes como mejorar el plan.
- ¿Queres?
- ¡Obvio nene!

Reí y abrí los chocolates para que podamos comerlos.

Ella se acostó en el banco y apoyó su cabeza en mis piernas.

- ¿Estás cómoda? –Pregunté riendo.-
- Mmm… Sí. –Sonrió y tomó mi mano.- ¿No podía?
- Obvio que podías. –Volvió a sonreír y le di un beso.-

Nos quedamos un rato allí, hasta que volvió a sentarse.

- ¿Qué vamos a hacer ahora? –Preguntó.-
- ¿Tenes algún plan?
- Mi casa… -Dijo acariciando mi pelo y mordiendo su labio.- Si queres, obvio.
- Hay planes que son irresistibles.
-Me besó.- Me encanta que coincidamos tanto. –Reímos y nos besamos.-
Caminamos hasta mi moto y fuimos hasta su casa.


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Disfruten del amor en el aire (o en el capítulo en realidad, jajaja) y comenten. ¡Por favor!

jueves, 24 de septiembre de 2015

30. Tristeza.

Cuando la tristeza te toma el cuerpo, no tenes mucho por hacer… Más que desahogarte y esperar a que se vaya. Esperar a que esa maldita sensación se vaya de tu cuerpo y de tu alma.

Aunque lo neguemos, la tristeza la atravesamos todos en las distintas etapas de la vida.
La tristeza es parte de la vida, al igual que la alegría… Y a veces es necesario que aceptemos que necesitamos sentirla. Que necesitamos tirarnos en la cama y ver como la vida pasa con los ojos llenos de lágrimas.

Es necesario… Porque, al conocer la tristeza, vamos a ser capaces de valorar mucho más las alegrías.





Desde que Paula había llegado a mi vida todo era más lindo. Sí, puede que suene cursi, pero es así.

Tenerla a ella en mi vida me hacía sonreír, me recordaba que tenía un motivo por el cual levantarme todos los días.

Ya me importaba poco la diferencia de edad y lo que pensaran los demás. Ella me hacía tan bien que eso tapaba cualquier cosa.

Por suerte, mis papás ya comenzaban a aceptarla. (Aunque aún no la conocían)

En cuanto a la escuela, estábamos un poco más complicados. La escuela nos ofrecía el viaje de egresados y por problemas administrativos parecía que nos íbamos a quedar sin nada. ¡La puta madre!

Aunque, pensándolo bien, eso quizás servía para cuidar mi relación con Paula.

Aún así, no dejaba de darme bronca.

Me desperté de la siesta y después de ducharme tomé unos mates con mis viejos, eran las siete de la tarde y les dije que me iba… Por suerte, no preguntaron demasiado.

Salí para la casa de Paula y cuando estaba por tocarle el portero, salió Virgi.

- Hola Virgi.
- Hola Pepe, pasa. –Dijo dejando la puerta del hall abierta.-
- ¿Pasa algo?
- Que te cuente mi hermana mejor.
- ¿Está en su casa?
- Sí, subí.
- Bueno, dale.

La saludé y se fue… Algo raro estaba pasando. Subí hasta la casa de Pau y toqué timbre. Ni bien me vio, me abrazó.

- Hey Pau. ¿Qué pasa?
- No puedo más, no puedo.

Cerré la puerta e hice que entráramos.

- No entiendo…
- Yo tampoco. –Suspiró.-
- ¿Queres un poco de agua? ¿Un té?
- Un té.
- Te lo preparo y te lo llevo al cuarto. ¿Queres?
- Por favor. –Le di un beso y se fue.-

Le preparé un té sin entender nada de lo que ocurría, solo sabía que el clima en la casa estaba pesadísimo y lleno de angustia.

-

Me sentía mal y no solo anímicamente, también físicamente. Me temblaba el cuerpo, me sentía mareada. Obvio, otro ataque.

Pedro me dio el té y tomé un poco.

- ¿Pasó algo con tus viejos? –Se sentó a mi lado.-
- Sí.
- ¿Me queres contar qué?
- Tiene otra familia.
- ¿Quién?
- Mi papá. –Y sequé mis lágrimas.- No lo puedo creer, te juro.
-Besó mi mano.- ¿Estás segura?
- Sí. –Hice una pausa.- Pero, por favor, no preguntes nada ahora. Solo necesito que me abraces.

Pedro me abrazó y yo cerré mis ojos, sin poder dejar de llorar.

- No puedo creer como daba tantas clases de supuesta moral. ¡Y hace más de diez años que está con otra!
- No te maquines con eso, es al pedo.
- No puedo evitarlo.
- ¿Queres que te haga unos masajitos así te relajas?
- Si queres.
- Trata de no pensar en nada.

Su mano comenzó a recorrer mi espalda con masajes y yo intentaba tranquilizarme.

Después de un rato, me levanté.

- ¿Te enojas si me voy a duchar?
- No Pau, anda tranquila. ¿Queres que prepare algo para comer?
- No tengo mucha hambre.
- Algo tenes que comer.
-Suspiré.- Que sea livianito.
- Ahora me fijo que tenes.
- Dale.
-Besó mi frente y luego mis labios.- Intenta relajarte en la ducha.
- Lo voy a intentar.

Me busqué algo de ropa, un poco más holgada y me dirigí al baño. Abrí el agua caliente y me desvestí para meterme en la ducha y dejar que el agua caiga con fuerza sobre mi cuerpo.

Mis lágrimas se disimulaban con el agua y el vapor del agua caliente me ayudaba a respirar un poco mejor.

Le daba vueltas a la situación y no podía entenderla, tampoco quería. Podía imaginar muchas cosas de él, que escondía cosas a veces era muy obvio. ¡Pero nunca creí que algo así!

Es que ni siquiera me dolía tanto por mí. Me dolía por mi mamá, ella sí que no tenía la culpa de nada y su vida se había destruido de un segundo al otro.

Cerré el agua, solo para no quedarme a vivir allí y sequé un poco mi pelo con el toallón para luego hacerme un rodete. Sequé un poco mi cuerpo y me vestí.

Pedro estaba en mi cama, esperándome con unos sándwiches de tomate con mayonesa.

- Uno al menos vas a comer.
-Sonreí y me senté a su lado.- Gracias por cuidarme. –Lo besé.-
- No es nada. –Me ofreció uno.- Come, dale.

Y así pasamos un rato, él intentaba distraerme y yo hacía lo posible porque eso suceda.

Llamé a mi hermana.

- ¿Sabes algo de mamá?
- Hablé recién, me dijo que no quiere hablar con nadie, mejor no la llames.
- Bueno, está bien. ¿Vos? ¿Cómo estás?
- Estoy… ¿Vos?
- Igual. ¿Estás sola?
- No, con Joaquín. ¿Vos?
- Con Pepe.
- ¿Queres que nos veamos mañana?
- Sí…
- Dale, quedamos en eso entonces. Y aunque no sean las mejores circunstancias, más bien son las peores, feliz cumple hermanita.
-Sonreí.- Feliz cumple hermosa.
- Te quiero. ¿Sabes?
- Yo a vos Vir, lo sabes.

Y cortamos. Dejé el celular a un lado y suspiré.

- ¿Te quedas? Por favor.
- No pensaba dejarte sola.
-Sonreí y lo besé.- Gracias.
- ¡Basta!
-Reí.- Voy a lavar las cosas.
- ¿Queres que lo haga yo?
- No, no hace falta.
- Como prefieras.

Lo besé y me llevé las cosas, lavé y ordené un poco la cocina. Cerré todo y fui de nuevo a la habitación. Me metí en la cama y lo miré.

- Veni Pau.
-Suspiré y me senté a su lado.- Perdón.
- ¿Por qué?
- Porque justo te viniste a enganchar conmigo ahora.
- ¿Qué tiene que sea ahora?
- Todos estos bardos familiares.
-Acarició mi mejilla.- A mí me gustas vos, tu personalidad, tu manera de ser, tu corazón. –Sonreí.- No tus bardos o no bardos.
- Gracias, pero siento que estoy infumable.
- No, te juro que no.
- ¿Tengo que creerte?
- Sí. –Me besó.- En serio.
- Gracias, te lo digo de verdad.
- Y yo de verdad te digo que dejes de agradecer. –Nos dimos un beso y lo abracé.- Tranquila, con el tiempo las cosas van a solucionarse.
- Eso espero.
- ¿Queres dormir? Así te tranquilizas.
- Sí, espero poder.
- Yo te hago unos mimos.
-Sonreí, muerta de ternura.- Tan tierno sos. –Lo besé.-
- Vos sos tierna. –Reímos y nos dimos otro beso.- Acostate, dale.
- ¿Y vos?
- Ya va.


Me acosté y Pepe apagó la luz del velador, acomodó las mantas sobre mi cuerpo y se acostó detrás de mí, haciendo cucharita y acariciando mi brazo con una de sus manos y mi nuca con su nariz. 



- Descansa, o al menos intentalo.
- Vos también hermoso. Gracias por estar conmigo.
- La próxima que me agradeces, me voy.
-Reí.- No, no. ¡Por favor! –Tomé sus manos haciendo que me abrace más fuerte.- Quedate. –Besé su mano y él rio.- Hasta mañana.
- Hasta mañana. Y feliz cumple hermosa.

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Y nos vamos acercando...

miércoles, 23 de septiembre de 2015

29. (Feliz) cumpleaños.

Cuando una verdad enorme te estalla en la cara y te hace dar cuenta que tu vida fue una mentira… Duele.

Y duele mucho más si eso pasa un día tan especial, como el día que cumplimos años.

Duele, duele ver todo fue una farsa.

Duele saber que, quien más debió cuidarte, te está generando la herida más profunda de toda tu vida.

Duele ver a tus seres queridos llorar.

Duele llorar. Duele.




Pepe no dejaba de besarme y me estaba por desarmar de amor.

- ¿Vas a besarme todo el día? –Pregunté.-
- ¿Me dejas?
- Tenes vía libre.
- Entonces sí. –Sonreímos.-

Nos besamos dando vueltas en la cama, hasta que el timbre nos interrumpió.

- ¿Quién carajo es? –Pregunté molesta.-
- ¿Esperas a alguien?
- No. –Suspiré y me levanté.- Ya vengo.
- Dale.

Fui extrañada a atender, así como estaba.

- Virgi. ¿Qué pasó?
- Mamá.
- ¿Qué pasó?
- Hay quilombo, hay que ir.
-Suspiré.- ¿Ahora?
- Sí Pau.
- Estoy con Pedro.
- Yo también estaba con Joaquín, pero es quilombo de verdad.
- Está bien, dame un toque que me arreglo. Pasa.

¡La puta madre!

- Pepe…
- ¿Qué?
- Vino mi hermana, no sé que pasó con mis viejos que tengo que ir.
- Está bien.
- Te juro que es lo que menos quiero.
- No pasa nada.
- Me quiero quedar con vos y no quiero verlo a él. Teníamos planes. –Suspiré y me senté en la cama.-
-Me besó.- Tranquila, nos vemos todo el tiempo nosotros.
- Pero hoy era especial.
- A la noche vuelvo. ¿Queres?
- ¡Por favor!
- Quedamos así entonces. –Me besó.- Y ahora… -Comenzó a quitar su remera de mi cuerpo.- Necesito irme vestido. –Reímos y la terminó de quitar.-

Estábamos en el auto de mi hermana, yendo a la casa de mis papás.

- Yo tampoco quería pasar mi cumpleaños así. –Dijo.-
- Ya sé nena, no te estoy echando la culpa.
- Lo solucionamos lo más rápido que podamos y nos volvemos.
- Por favor Vir.

Llegamos a la casa de mis viejos y se escuchaban gritos.

Okei, el bardo era de verdad. Bajamos del auto y entramos, ya que teníamos las llaves.

- ¿Qué mierda pasa acá? –Grité.-
- Tu papá Paula, tu papá.
- ¿Qué pasó mamá?
- ¡Es una mierda!
- ¡Vos sos una mierda Liliana!
- ¡Yo no hice nada Jorge!

La miré a mi hermana extrañada y ninguna de las dos entendía nada.

- ¿Pueden explicar qué pasa? –Preguntó mi hermana.-
- Tu papá.
- ¡Ya dijiste eso mamá! –Dije impaciente.-
- ¡Tiene otra familia! –Gritó.-
- ¿Qué? –Dijimos con mi hermana al unísono.-
- Sí chicas. ¡Tiene otra familia hace más de 10 años! ¡Y tres hijos más!

Respiré hondo y caminé hacia atrás, hasta chocarme con una pared y deslizarme hasta caer al suelo. Virginia se paralizó. Me largué a llorar, no entendía nada. (O no quería entender)

- ¡Es mentira eso Liliana!
- ¡No es mentira! ¡No es mentira! ¡Yo hablé con esa mujer!
- Yo sabía que no eras el padre ideal. ¡Pero nunca creí que tan hijo de puta! –Grité.-
- ¡Es mentira lo que dice tu madre!
- ¿Por qué será que le creo a ella entonces?

Virginia reaccionó y golpeó con fuerza la pared.

- ¡Andate papá! ¡Andate! –Gritó.-
- ¡Es mi casa!

Me paré, con demasiada bronca.

- ¡No es más tu casa! ¡Ahora vive solo mamá acá!
- Ustedes no me van a amenazar a mí. –Respondió mi papá.-
- ¡No te quiero ver nunca más Jorge! –Gritó mi mamá y me partió el alma.-
-Lo enfrenté a mi papá, como tantas veces había tenido ganas de hacer.- ¡Sos una mierda! ¡Una mierda! Nos cagaste la vida a las tres durante mucho tiempo pero eso se acabó. ¡Se acabó! Buscas tus cosas y te vas. ¡Para siempre! –Grité.-
- ¡Están equivocadas!
- Vos sos el equivocado. –Dijo Virginia.-

No podía creer lo cínico que era. ¿Otra familia? ¿Más hermanos? ¡¿Qué?!

Virgi y yo abrazamos a mi mamá y la hicimos caminar hasta el fondo de la casa.

Nos sentamos al aire libre.

- ¿Queres algo mami? –Pregunté.-
- Un poco de agua.
- Ahora te traigo.

Le serví un vaso de agua a mi mamá y volví con ellas.

- Tranquila mami. –La abrazamos.-

- No lo puedo creer chicas.
- Nosotras tampoco ma. –Dijo Virgi.- 
- Perdón.
- Vos no tenes que pedir perdón. –Dijo Vir.-
- Sí, por no haberme dado cuenta antes.
- ¡No es tu culpa! –Dije.-

Y así pasó un rato, en el que las tres lloramos abrazadas.

-Sequé las lágrimas de mi mamá.- Ya sé que ahora no podes pensar en nada, pero nosotras vamos a estar. ¿Sí? Y vos te vas a quedar acá, es tu casa. –Le dije.-
- Nosotras vamos a ayudarte vieja. –Agregó Vir.-
- Gracias chicas. –Nos abrazó.- Perdón por haberles hecho tanto mal, me quise hacer la perfecta y darle clases de moral y terminé como una cornuda.

Con Virgi nos miramos y suspiramos.

- Ya pasó mami. –Le dijo mi hermana.-

Nos quedamos un rato más con ella y hacía un par de horas que mi viejo había desaparecido. 

¡Y de verdad que no quería verlo nunca más!

- Se llama Ariana, tiene 30 años y se conocen hace 12 años. –Suspiró.- Tienes 3 hijos, Ambar, Fermín y Nina. Ustedes pueden conocerlos si quieren, son sus hermanos. Yo no me voy a enojar.
- No pienses en eso… -Le dije.-
- De verdad se los digo.
- Gracias, pero no sé si es lo que necesitamos en este momento. –Agregó Virgi.-
- Pienso igual. –Acoté.-
- ¿Se enojan si les pido que me dejen sola?
- ¿Segura mami? –Preguntó mi hermana.-
- Sí, por favor.
- Bueno, nos vamos. Cualquier cosa nos llamas. –Dije.-
- Gracias chicas. Y feliz cumple.

Sonreímos y la abrazamos.

- Perdón, no quería que pase esto y menos un día como hoy.
- Deja de echarte culpas ma. –Dije y la besamos haciendo sándwichito.-

¿Feliz? Cumpleaños.

Lo poco que había podido armar de mi mundo se acababa de ir a la mismísima mierda.

Nos subimos con Virgi al auto y ninguna dijo nada.

- No puedo creerlo.
- Yo tampoco. –Respondí y suspiré.- ¿Queres que vayamos a mi casa?
- Dale, por favor.
- ¿Manejas vos?
- Sí.
- ¿Segura?
- Sí Chu.
- Bueno…

Y arrancó.

Las dos teníamos los ojos llenos de lágrimas, pero sabíamos que no era el momento de hablar, ninguna se animaba a hacerlo tampoco.

El año nuevo empezó mal y mis deseos ni miras tenían de cumplirse.

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El bardo y yo un solo ♥.


martes, 22 de septiembre de 2015

28. Feliz cumpleaños.

Cumplir años nos mueve un poco el piso, seamos sinceros. Hay que aceptar que tenemos un año más encima y hay un balance que es inevitable… 

¿Cómo fue el año anterior? ¿Y cómo queremos que sea el próximo?

No sé si es una fecha para festejar… Pero, las costumbres dicen que hay que hacerlo, asique lo hacemos. ¡Porque a veces nos comportamos como malditas máquinas! Repito: seamos sinceros…

Festejemos si hay motivos, y si no los hay, tenemos que encontrarlos, que ese sea nuestro objetivo: encontrar siempre razones para festejar.

Es imposible esperar a que todo esté bien para festejar, hay que aferrarse a esas pequeñas felicidades y hacerlo. Es ahora o nunca.






Finalmente, la relación de Virgi y Joaquín había prosperado y los cuatro ya nos conocíamos.

Como mañana era nuestro cumpleaños, ellos nos habían convencido de salir, les frenamos la idea de boliche y terminamos en un bar.

Pepe rodeó mi cuello con su brazo y yo le sonreí.

- ¿Qué tomas?
- Un daikiri.
- ¿Vos Virgi?
- Igual.
- ¿Y vos Joaco?
- Una cerveza.
- ¿Compramos una grande y compartimos?
- Dale.
- Voy a pedir entonces. –Me dio un beso y se fue.-

Y así pasó la noche, en medio de un poco de alcohol y risas.

Cuando fueron las doce, como hacíamos siempre, nos fundimos en un abrazo interminable con mi hermana. “¡Feliz cumple hermanita!” dijimos a coro.

- Te amo Chunita.
- Yo te amo a vos Virgi. –Nos abrazamos más fuerte.- Amo, amo que seas mi melli.
- Sabes que es mutuo. –Reímos y nos separamos un poco.- Y sabes que vamos a poder solucionar todo lo que pasa.
-Suspiré.- Eso espero.
- Vas a ver que sí. –Volvimos a abrazarnos.-

Ni bien me separé de mi hermana, Pedro me besó abrazándome por el cuello.

- Feliz cumple hermosa.
-Sonreí.- Gracias Pepe.
- Mi deseo para vos es que seas muy feliz.
- Si te tengo conmigo, eso va a pasar.
-Sonrió.- Acá me tenes.
-Lo besé.- Gracias por ser parte de mi vida. –Volvimos a besarnos y creo que hasta nos olvidamos que estábamos en un lugar publico.-

Pepe saludó a Virgi y Joaco me saludó a mí. Intercambiamos regalos con Virgi y alrededor de las tres de la mañana, nos fuimos del bar.

Cuando llegamos a casa, Pedro sacó de su mochila un regalo.

- Feliz cumple mi amor.
-Sonreí, era la primera vez que me decía así y me desarmó.- Gracias. –Lo besé.-
- Espero que te guste.
- A ver…

Me senté en el living y lo abrí. Sonreí al verlo.

- Lo hice el día que nos conocimos.
- ¡Sos un zarpado!
-Rio.- Me parece que te imaginé muy bien igual.
-Reí.- Gracias, me da un poquito de pudor, pero está muy bueno. Dibujas increíble.
- De nada. –Me besó.-

Era aquel dibujo de ella desnuda, enmarcado.

Para ser sinceros, estábamos un poco pasados de alcohol y nuestros cuerpos se llamaban a los gritos, tanto que ni siquiera nos preocupamos por ir hasta la cama.

Su cuerpo estaba sobre el mío, haciendo presión. Sus labios capturaban los míos y mis manos se deslizaban por su espalda. Mi piel comenzaba a erizarse y mi cuerpo a estremece.

Quitó mi chaqueta y me quedé en top, sus besos recorrieron mis hombros y subió mi top, dejando mi delantera al viento. Lo tomé por su nuca y lo obligué a sumergirse allí, su lengua humedeció mi piel y mi cuerpo comenzaba a ser tomado por la excitación.

Siguió con sus dientes, generando un pequeño dolor que me llenaba de placer.

Terminó de quitar mi top y volvió a mi boca. ¡Amaba el contacto de sus labios con los míos! Sentía que era ideal, que no había nada con un sabor más exquisito.

Sus labios besaron toda mi cara mientras yo sonreía y quité su buzo junto con su remera, para que mientras él seguía besando mi cara, yo me encargara de que las puntas de mis dedos recorrieran su cintura.

Los besos de él quisieron bajar, pero no lo dejé. ¡Yo también quería besarlo! Me senté, haciendo que se acostará hacia el otro lado del sillón y me senté sobre su pelvis para besar todo su pecho mientras él sostenía mi pelo, para que no interrumpiera en la acción.

Volví a su boca y mientras desabroché su pantalón. Me obligó a sentarme sobre él y sus dedos recorrieron lentamente mi zona más íntima, yo estaba en calza asique lo sentía demasiado.

No aguante más y me quité lo que quedaba cubriendo mi cuerpo.

Hizo que me acostará en el piso y terminó de desnudarse. Sus dedos volvieron a hacer lo mismo que hacía unos instantes, pero ahora sobre mi piel. ¡Me volvía loca!

Por supuesto, que luego hice lo mismo con él. Porque también amaba hacerlo disfrutar.

Sin avisarme, me hizo parar y con su cuerpo me hizo caminar de espaldas hasta quedar contra una pared. Sonreímos, cómplices. Levanto una de mis piernas y lo hizo sin previo aviso. Mis uñas se clavaron con fuerza de su espalda y sus manos me sostenían con fuerza.

¡No podía hacerme sentir tan bien!

-

Al día siguiente, preparé el desayuno y fui a despertarla. Dejé la bandeja a un lado y aproveché que estaba acostada boca abajo, bajé la sábana hasta su cintura y llené su piel de besos.

- Buen día cumplañera.
- Buen día. –Sonrió.- Seguí un ratito más.
-Reí.- Hermosa.

Besé su espalda por un largo rato.

Acerqué la bandeja a la cama y nos sentamos.

Paula se puso mi remera y comenzamos a desayunar.

- No puedo creer que seas tan tierno.
- ¿Por?
- Por el desayuno.
- Es solo un desayuno.
- Es la primera vez que me regalan un desayuno.
- ¿De verdad?
- Sí.
- Entonces lo voy a hacer más seguido. –Sonrió y me besó.- Igual, falta algo.
- ¿Qué cosa?
- ¿Me esperas un cachito?
- Bueno, está bien.

-

Pedro se fue y volvió al poco tiempo con una torta, reí.

- ¡Qué los cumplas feliz! ¡Qué los cumplas feliz! ¡Qué los cumplas mi amor! ¡Qué los cumplas feliz! –Y se sentó a mi lado sosteniendo la torta.- ¡Los deseos!

Asentí con mi cabeza y cerré mis ojos.

* Que Pedro siga a mi lado.
* Salud.
* Poder ser feliz.

Apagué las velitas y reí.

- Feliz cumple mi amor. –Me besó.-
- Me encanta que me digas mi amor. –Confesé.-
- Es lo que sos.
- Gracias, mi amor. –Reímos y nos besamos.-

Corté la torta y comimos un pedazo cada uno.

- ¿De dónde la sacaste?
- Tengo mis trucos.
- En serio nene.
- La hice yo y la traje anoche.
- ¿Cuándo?
- Tengo mis trucos te dije.
-Reí.- ¡No vale!
- Sí vale. ¡Así puedo seguir sorprendiéndote!
- Siempre me sorprendes vos.
- ¿Siempre?
- ¡Siempre! –Y lo besé.-

Llevamos todo a la cocina y lavamos.

Ella me abrazó por la espalda y besó mi nuca.

- ¿Te quedas conmigo hoy?
-Tomé sus manos y las besé.- Creí que lo dabas por sentado.
-Rio.- Pregunto por las dudas.
-Giré y la besé.- Nunca hay mejor plan que estar con vos, mucho menos el día de tu cumple.
-Sonreí.- ¿Podemos salir?
- A donde quieras.
- Mmm… A caminar, por ahí, no sé, a cualquier lado.
-La besé.- Después pensamos algo.
-Sonrió.- Dale. –Me besó.-
Ahora podemos ir a hacer un ratito más de fiaca.
-Reí.- ¡Sos una vaga!
- Es temprano y es sábado, dale.
- No me puedo negar.

Ella comenzó a correr hasta la habitación y se dejó caer en la cama, yo reí y me tiré sobre ella también riendo y llené de besos su cuello.

- Feliz cumple Pau.
-Sonrió.- Gracias, te juro que mi mejor regalo es que estés conmigo.



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Disfruten del amor en el aire ♥♥

(yo me voy a seguir sufriendo con asuntos facultativos *llora*)


Gracias por leer y no se olviden de comentar!☺

lunes, 21 de septiembre de 2015

27. Llorar.

Muchas veces nos escondemos para hacerlo, no nos gusta mostrar debilidad ante el otro. Llorar nos hace vulnerables y odiamos ser vulnerables.

Lloramos en la cama, escondiendo la cara en la almohada o debajo de veinte mantas. Lloramos en donde nadie pueda vernos ni oírnos.

Pero… Como nadie puede vernos ni oírnos, no hay ningún abrazo que alivie ese llanto.

Hasta que, una vez más, uno se anima y se muestra vulnerable, aunque se sienta un idiota.

Llorar en los brazos de alguien, incluso es mucho más liberador, porque sabemos que, lloremos lo que lloremos, ahí hay alguien que nos va a ayudar a levantarnos.

Hay alguien que nos está abrazando y que se va a encargar de secar esas malditas lágrimas.

Cuando el aire se agota y te aprietan las botas de tanto andar, cuando la cuenta es injusta y lo que mas te gusta te sabe mal.
De repente el disfraz de un soldado valiente te queda pintado.
Das un paso al frente, porque son urgentes las cosas que siempre has callado.

Y gritar y gritar y gritar y cederle al coraje un lugar.
Y ponerle nombre al miedo, y arrancarle un rayo al cielo.
Ser feliz aunque pueda fallar.

Porque un nudo en la garganta no se suelta si se aguanta, las espinas no se deben tragar.
Las palabras tienen filo y a mí nadie me ha prohibido gritar.
Como un perro asustado que nunca a ha ladrado te sentirás, 
como un disco olvido que nadie ha tocado resonarás, 
Porque nadie firmo con su sangre una ley que te quite el derecho, de pasar al frente y mostrar los dientes soltando la voz de tu pecho...”






Y así pasaron un par de semanas, Pedro y yo estábamos cada vez mejor.

Bueno, no sé si la palabra es mejor porque nunca estuvimos mal, me refiero a que la relación crece cada vez más y estoy hasta las manos con él.

¡Y lo peor es que me convenció! Sí, de ir a terapia.

Asique, ahora estoy en la sala de espera de un consultorio dudando hasta de mi nombre.

- Chaves.
-Me paré.- Acá.

Entré al consultorio y quería que me tragara la tierra. ¡De verdad!

- Sentate.

Hice lo que le psicóloga me dijo, primero quité mi abrigo y dejé mi cartera.

- Bueno, hola. Mi nombre es Sandra.
- Hola, el mío Paula.
- ¿Estás nerviosa, no?
- Sí, es la primera vez que hago esto.
- Tranquila, no vamos a hablar de nada que vos no quieras.
- Bueno.
- ¿Cuántos años tenes?
- 28.
- ¿A qué te dedicas?


Y así continuó con preguntas acerca de mi vida que respondí cada vez más nerviosa.

- ¿Pareja?
- Mmm… Algo así.
- ¿Qué sería algo así?
- Estoy con un chico hace un mes y medio más o menos.
- ¿Y es tu novio?
- Tenemos una relación.
- ¿Cuántos años tiene él?
- 18. –Dije dudosa.-
- Es más chico.
- Sí…

¡Y quería salir de ese tema ahora!

No sé muy bien cómo, terminé contándole de mi TAG y me dijo que veía algunos problemas que con las sesiones podrían ir profundizándose y no sé cuántas cosas más.

Le había prometido a Pedro que iba a probar un mes, asique al menos lo iba a intentar.

“Ya salí…”

“¿Y cómo te fue?”

“No sé Pepe, es raro. Bastante incómodo.”

“Ya vas a entrar en confianza.”

“Eso espero. ¿Nos vemos hoy?”

“Hoy es miércoles, salgo tarde del colegio.”

“Ah… Es verdad. Bueno, no pasa nada.”

“Te aviso, después de la escuela voy a salir a correr con un amigo, me baño y vemos. ¿Queres?”

“Dale. Un beso Pepe.”

“Beso Pau.”

En cuanto a mis viejos la situación seguía igual de tensa, casi ni hablábamos. ¡Me había hartado de que me digiten la vida!


Mi vieja me daba pena, sentía que mi viejo la manipulaba y nunca tuve una buena relación con él. Siempre fue demasiado frío y autoritario con nosotras y hasta una vez escuchamos con Virgi que él no quería tener hijos. ¡Y encima éramos mellizas!

Sinceramente, eso lo habíamos olvidado, pero la semana pasada charlando con mi hermana lo habíamos recordado. ¡Horrible!

Intentamos acercarnos a mi mamá, pero se negaba. Igual, no dejaba de dolerme lo que pensaba de mí.

Porque, claro… ¡Todo empeoró cuando se enteraron que Pedro tenía 18 años! 

- ¿Qué es lo qué haces con ese pendejito? ¿Garchan ustedes? ¿Es lo único que hacen, no?
- Vos no tenes derecho a preguntarme una cosa así.
- ¿Pero qué es lo qué hacen Paula? ¡Respondeme!
- Yo soy una mujer papá, no soy una nena.
- ¿Y qué me queres decir eso?
- Nada.
- No. ¿Qué me queres decir?
- Que no tengo por qué darte explicaciones.
- ¡Soy tu papá!
- ¿Y si tiene 18, qué?
- ¡Es nene!
- No es un nene. ¡Es mi vida y mi cama! –Grité, con bronca.- Yo no voy a ser la muñequita de torta que vos queres.
- ¿Por ese pibe? ¿Qué? ¿Te garcha  bien? ¿Te hace acabar? ¡Claro! ¡Porque Alejandro nunca pudo!
- ¿Vos hablabas con él de eso?
- ¡Obvio!
- ¡No podes ser tan mierda! 
- Te tengo que cuidar hija.
- ¿Vos cuidarme? ¿Vos? ¡La puta madre papá! ¡Me estás faltando el respeto!
- ¡Vas a dejar de ver a ese chico!
- ¡Vos vas a dejar de verme a mí!
-Me pegó una cachetada.- ¡Vos no me hablas así!
- Te volviste loco.
- ¡No! ¡Vos te volviste loca!
- No quiero que me vuelvas a hablar. –Y me quise ir.-
- ¡Paula! –Me siguió.-
- No todo es como a vos te gustaría y tampoco es como a mí me gustaría. ¡Pero él me hace bien! –Me agarró del brazo.- ¡Soltame!
- ¡Sos una puta! ¡Lo único que te importa es que te traten bien en la cama!
- Te estás yendo al carajo. –Dije ya llorando y me fui corriendo.-

- Y eso fue lo que pasó. –Dije llorando.- ¡Y odio estar llorando! ¡Odio llorar! –Dije con bronca.-
- Hey, hey. ¡Para! –Me abrazó.- Llorar  a veces hace bien.
-Suspiré.- ¡Lo odio!
- Tranquila. –Me abrazó más fuerte y besó mi mejilla.- Tranquila.
- ¿Por qué? ¡Se supone que es mi papá!
- Lo es.
- ¿Y me trata así? 
- Quiere cuidarte.
- No lo está logrando.
- Trata de no pensar ahora, mejor intenta tranquilizarte.
- Estar con vos me tranquiliza.
- Yo me quedo con vos.
- Gracias.
- Sh…

Acarició mi pelo por un rato y de a poco yo me iba tranquilizando.

- Me siento una estúpida llorando.
- No es así.
- Sí, es así.
- Tenes que animarte a sentir un poco más.
- Para eso te tengo a vos.
-Besó mi frente.- Siempre.
- No lo quiero ver más.
- Nadie te va a obligar a hacerlo.
- Eso espero.
- No pienses más, dale.
- Abrazame.

Pedro me abrazó y nos quedamos allí por un rato. No quería nada más que no fuera él.

- Pau…
- ¿Qué Pepe?
- ¿Queres que cocine algo?
- No, de verdad que no tengo hambre.
- ¿Miramos una peli?
-Suspiré.- ¿Te aburrís?
- No, solo quiero que estés mejor.
-Lo miré, ya que estaba acomodada en el sillón y con mi cabeza en sus piernas.- Estoy mejor si estás conmigo.
- ¿Segura?
- Sí. –Acaricié su mejilla.- 
- ¿Me puedo quedar hasta mañana?
-Le sonreí.- Me encantaría.
- Algo tenemos que comer
- Mmm… En un rato vemos, me quiero quedar un ratito más acá.
- Bueno, como prefieras. –Respondió acariciando mi pelo.-

Lo peor de todo es que ese sábado cumplía años y de lo que menos tenía ganas de festejar.

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Mi maldita obsesión por musicalizar: https://www.youtube.com/watch?v=WTg1EvLMlv8 Gritar - Luis Fonsi.

Capítulo de más por la Primavera (?

Comenten, por fas!☺

26. Una mirada.

Seamos sinceros y contemos cuántas veces miramos de verdad a alguien a los ojos, cuántas veces al día conectamos con el otro.

Pocas, muy pocas.

Una mirada, tan solo una simple mirada, puede salvarnos del abismo. Una mirada real, nos hace sentir importantes y nos recuerda que no estamos solos. Los ojos del otro, nos recuerdan que hay alguien que nos da la mano para seguir adelante.

Es real, una mirada nos puede erizar la piel y hacer sonreír. Ver el corazón de otro, mirándonos a los ojos, es mágico.

“Mirar es una cosa.
Que me mires vos, es un verbo muy diferente.”



Paula estaba en la cocina, preparando unos sándwiches de milanesa.

- Pau. –La abracé por la espalda.-
- ¿Qué Pepe?
- ¿Me invitas a quedarme hasta mañana?
-Rio.- Obvio, siempre estás invitado.
-Besé su hombro.- ¿Y te falta mucho con esto?
- No, ya termino. Lleva aderezos, vasos y algo para tomar.
- Dale. –La besé e hice lo que me pidió.-

Después de un rato, los sándwiches ya no formaban más parte de la mesa y Pau estaba muy callada.

- ¿Estás bien?
- Sí. ¿Por?
- Estás muy callada.
-Se encogió de hombros.- Fue un día raro.
- Veni… -Dije dándole la mano.-
- ¿A dónde?
- Acá. –Dije golpeando mis piernas.-

Pau sonrió y se sentó allí. Rodeó mi cuello con sus brazos y suspiró.

- ¿De verdad no sentís que empezar terapia te haría bien?
- No, no empieces con eso otra vez.
- Pero… -Corrí el pelo de su cara.- Capaz, tengas que dejar de depender de una pastilla.
- Estoy acostumbrada a que sea así.
- Y ya que estás con tanto cambio… Quizás deberías dejar el acostumbramiento de lado.
- No me enrosques.
- No te enrosco, solo digo lo que pienso.
-Suspiró.- Me da miedo.
- ¿Qué te da miedo?
- Poner a investigar en mi cabeza, ya bastante mal me llevo con ella.
- Así podrían mejorar la relación.
-Reí.- Sos un tarado.
- Te lo digo de verdad.
- Yo también.
- Te tenes que animar un poco más vos.
- A demasiadas cosas me estoy animando desde que te conocí.
-Acaricié su espalda.- Para mí, ir a terapia te va a ayudar.
- No creo mucho en esas cosas.
- ¿Conoces?
- No.
- ¿Y entonces cómo sabes?
- Me siento una nena que está siendo retada por su papá.
-Reí.- Te quiero cuidar, nada más.
- Gracias, de verdad. Pero es una decisión que voy a tomar yo.
- Está bien. –La besé.- No quiero que te enojes igual.
- No, no me enojo.
- Mmm… ¿Segura?
- Sí Pepe.
- Mira que te creo eh.
- Haces bien en creerme. –Y volví a besarla.-
- ¿Levantamos esto?
- Dale.

Levantamos lo de la cena y ordenamos la cocina. Pau cerró la puerta y yo la ayudé a cerrar el balcón.

Sonó mi celular.

- ¿Me bancas que es mi vieja?
- Obvio, habla tranquilo. Te espero en el cuarto. –Me besó y se fue.-

Atendí.

- Hola ma.
- Hola Pepe. ¿Dónde estás?
- Tranquila, estoy bien y no vuelvo a dormir a casa.
- ¿Por qué?
- Porque tengo una vida.
- ¡Soy tu mamá Pedro!
- Vieja, no empieces otra vez. Ya hablamos.
- ¿Estás con ella?
- Sí, y no voy a volver.
- ¡Llegas a faltar al colegio y te mato!
- No voy a faltar mamá.
- ¿Seguro?
- ¡Sí! –Hice una pausa.- Te dejo, nos vemos mañana. ¿Sí?
- Está bien hijo. Un beso.
- Otro vieja.

Corté y apagué el celular. Lo enchufé en el living y fui hasta el cuarto.

- Enchufé mi celular en el living, se me estaba muriendo. –Le dije, parado en el umbral de la puerta de su habitación-
- No hay problema.  ¿Venís?
- Como me tentas.
-Rio.- Dale, tonto.

Sonreí y me acosté a su lado, la besé y mi mano acarició su abdomen.

- A las mujeres no nos gusta esperar.
- No podía no atender a mi vieja.
- ¡No lo decía por eso! Lo decía porque te paras ahí en la puerta, a hacerte el machito… ¡Y yo estoy acá!
-Reí.- Okei, lo voy a tener en cuenta. –Reímos y nos besamos.-
- Ahora, mejor callate.

Y se acostó sobre mí, sin dejar de besarme.

- Estás muy mandona. –Dije acariciando su espalda.-
- ¿Nadie te enseñó que cuando una mujer tiene ganas hay que satisfacerla?
- ¿A vos? Todas las veces que quieras.
- Qué lindo escuchar eso.

Y el beso se intensificó a medida que pasaba el tiempo. Mis manos presionaban su cola y las suyas mi nuca. No hicimos demasiado preámbulo, nos desvestimos rápido, mirándonos con deseo.

Su cuerpo estaba recostado y sus ojos me miraban fijo. Sonreí y luego de besar sus labios, bajé con besos húmedos por su cuello hasta llegar a sus pechos y humedecerlos por completo.

La miré y ella asintió, hice lo mismo más abajo mientras mis dedos presionaban sus pezones.

Escuchar sus gemidos me enloquecía. Rodeó mi cuello con sus piernas y me obligó a aumentar la velocidad de mi lengua.

Subí con mis besos hasta su boca y besé toda su cara.

- Te dije que no me hagas esperar. –Dijo quejándose y yo reí.-
- Bueno che. –Mordí su labio.-
-Rodeó mi cintura con sus piernas.- ¡Qué no me hagas esperar!
- Okei, como vos pidas. –Apoyé mis manos a los costados de su cuerpo  y nuestros cuerpos se unieron.-

Mi cuerpo estaba dentro del suyo y ambos explotábamos de placer, pero…

Esta vez fue… ¿Distinto? En ningún momento dejamos de mirarnos a los ojos y me di cuenta que lo que tenía con ella era mucho más que buen sexo y un par de buenas charlas. Había algo más allá que nos unía, se estaba creando un lazo que era innegable.

Presioné con fuerza sus manos y ella arqueó su espalda. Yo estaba sentado sobre ella y ahora me recosté, para besarla… ¡Sin dejar de mirarnos!

Sus gemidos y los míos se mezclaban, su cuerpo temblaba y el mío también.

-
Estábamos frente a frente, enroscados en las mantas… Tan solo mirándonos.

Esa mirada me ponía la piel de gallina, me estremecía. ¡Quería tenerlo a mi lado hasta la eternidad!

-Acaricié su mejilla y él tomó mi mano para besarla.- Te quiero Pepe, de verdad.
-Sonrió.- Yo te quiero a vos Pau.

Nos acercamos y nos besamos tiernamente. Sus manos se posaron en mis omoplatos desnudos y las mías lo despeinaban. Nos separamos tan solo un poco y nos miramos, sonriendo.

- No te vayas nunca. –Dije y me acomodé sobre él.-
-Besó mi cabeza.- Si vos me dejas, me quedo acá para siempre.
- ¡Por favor! –Lo abracé con fuerza.-
- Sus deseos son órdenes señorita.

Pasó un rato, en el que estuvimos en silencio, pero ninguno de los dos podía dormirse.

Sentí sus dedos hacer cosquillas en mis axilas y comencé a reír.

- ¿Qué se supone que estás haciendo?
- Me quiero divertir un poco.
-Me erguí lo suficiente para poder mirarlo.- Prefiero que te entretengas de otra manera.
- ¿Cómo?
-Lo besé.- No sé, pero así no. –Reí.-
- Me gusta que te rías. -Lo besé otra vez.-


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He aquí el capítulo de hoy!

En un rato subo la última parte del corto por aquí... ---> minifanficspyp.blogspot.com.ar